jueves, 21 de noviembre de 2013

¿Pero ehto qué poya éh? Villancicos atroces

Últimamente ando muy pesada con mi manía por los años ochenta, y creo que la razón es más que obvia, aunque desconocida para vosotros, sutiles lectores:

En realidad, yo lo que soy es una niña de los noventa.

Y lo peor de todo es que mi adolescencia la pasé en los plenos dos miles. Ello quiere decir que viví el primer Gran Hermano sobre los quince años, y, tan sólo un año después, el primer Operación Triunfo, que nos puso a todos a cantar al ritmo -porque la letra a ver si había cojones a entenderla- de Rosa de España.

Con semejante panorama, que nadie se extrañe de que me haya ido unas cuantas décadas atrás con respecto a muchas cosas lúdicas; y que en cuanto a trabajo y literatura, directamente me haya teletransportado a otro siglo.

Una de las mejores muestras de lo que digo viene de la mano de un pernicioso recuerdo que me vino a la mente justo ayer. Os pongo en antecedentes.

Como ya suponéis, trabajo dando clases, y la verdad es que me lo paso francamente bien. Siempre hay días en que desearías haber estudiado cómo manejar un arma de fuego en lugar de una carrera de letras; pero en el fondo los chicos son estupendos, y da gusto verlos aprender poco a poco, así como observar lo buenos que pueden ser en determinadas situaciones. De hecho, el otro día tuvimos una excursión, y varias niñas estuvieron rascando sus bolsillos para ayudar a su amiga a pagar el importe del autobús. Cuando quieren, les salen verdaderos momentos Nescafé.

En mi lugar de trabajo, la proximidad de la Navidad implica tres cosas importantes: la primera, que ya me puedo poner a corregir y pasar notas como una cerda, porque luego llego al final de la evaluación con la lengua fuera. La segunda, es el concurso de Belenes, elaborados por cada clase con temática libre -sé que nunca podré hacer un Belén zombie-; y la tercera, de la que pienso ocuparme hoy, es el concurso de villancicos.

Cada año, antes de que todos salgamos por patas de vacaciones, todas las clases preparan un villancico para ver quién tiene más gracia y salero. Es una actividad común en la que luego todos nos echamos unas risas, y a los chavales les encanta, la verdad. 

El año pasado me tocó ser tutora por primera vez, y hube de estrujarme el cerebro en busca de un villancico adecuado a las treinta y dos almas que me habían tocado en suerte; porque las bases del recital del curso anterior se resumían en que el villancico elegido tenía que ser infantil, y yo de eso pilotaba más bien poco. Total, que al final encontré una ochenterada de las mías -como no podía ser menos- y me saqué de la manga una coreografía estilo Onda Vaselina. Todo iba como la seda... hasta que a los chicos les entró la vergüenza, y decidieron que lo de aprenderse la letra no iba con ellos, y que mejor se callaban todos y mariquita el último. Conclusión: nos dieron las gracias y los buenos días, y con suerte, por ser Navidad...

El caso es que este año, vuelvo a una tutoría renovada, donde mis pequeñuelos parecen tener ciertas ganas de marcha. Además, el villancico será de tema libre, con lo que tengo más manga ancha para buscar. Y como he decidido ser previsora y que no me pille el toro, comencé a buscar hace tan sólo un par de días. Ha habido ideas buenas, pero para eso no os voy a contar nada ¡Menuda chorrada entonces! Lo que quiero compartir es la retahíla de despropósitos musicales que puedes encontrar en internet si quieres ser un poco original.

Todo comenzó cuando el ínclito Paco Fox, que escribe puntualmente en este blog , decidió mostrarnos este coso navideño perpetrado por los Erasure. De un disco COMPLETO de canciones de Navidad, ahí es nada:



A partir de ese momento, mis neuronas se activaron, y comencé a buscar, como siempre, en lo más raro que cabe en ese trastero sin fondo que es mi memoria creativa. "Busquemos villancicos con un estilo original" pensé, "así seguro que salen cosas chulas".

Y... bueno... si por "cosas chulas" entendemos lo que siguió... entonces es que este blog lo lee mucho perturbado, y que estáis casi tan enfermos como yo por buscar semejantes mierdacas a las tantas de la madrugada.

Mi primera idea, quizá por ser la más manida, fue mirar los consabidos villancicos flamencos. Suelen ser, en la mayor parte de los casos, los clásicos villancicos de toda la vida, pero con cantaores y con guitarras y palmas de fondo. Pero claro, yo tenía que ir más allá. La cutrez no tiene límite, hasta que conoces a los Arábiga y su videoclip Su carita divina, donde mezclan lo mejor del estilo rockero y la voz aflamencada en estado puro:


Como se puede observar, los chiquillos son un derroche de poderío, a pesar de que el fondo en el salón de su casa no ayude mucho a meternos en situación. Eso sí, todo va con espumillón, y muy bien decoradito, para que se vea que es un villancico. Y con chupa de cuero. ¡Ese es el espíritu!

Siguiendo adelante con mis pesquisas, trato de buscar alguna idea dentro del rock o el heavy que sea lo bastante molona y accesible para el concurso. Por supuesto, una de las mejores cosas que encontré fue ésta:


Pero no nos engañemos. Por mucho que mole, mis niños aún no han cambiado la voz para tenerla como Christopher Lee. Y todo lo que baje de eso sería una deshonra para el buen señor. Así que, descartado. 

Ante tal tesitura, me cambio de género, y busco por ahí a ver si hubiera algo en pan techno, dance, o cualquiera de los estilos que yo, en mi ignorancia, termino calificando como "chunda chunda". Y héte aquí que tampoco hay nada. Salvo versiones de los clásicos que alguien se ha atrevido a calificar de remix, y que yo defino de forma más simple como "una puta mierda":


Y esto es sólo un ejemplo, conque calculad vosotros mismos...

Finalmente, mi último cartucho de aquella noche estaba en mi infancia. Y con ello no me refiero a las cintas de cassette que ponía mi abuelo, donde cantaban niños con aquella estridente voz de pito. De hecho, siempre que oigo ese tipo de bazofia musical, se me viene automáticamente a la cabeza El día de la Bestia de Álex de la Iglesia, quizá porque son lo más cercano al satanismo que te puedes echar a la cara. Pero dejemos de divagar, porque con "mi infancia" me estaba refiriendo a los años noventa, época en la que volvieron a ponerse de moda los cantantes infantiles, algunos, de poca monta, como Ramsey y su éxito regalado en los McDonald's junto con los Happy Meals, Hamburguesa -NO ES COÑA-, y que era una auténtica basura casi tan grande como la comida. Para que veáis que no miento, paso un enlace donde he encontrado una versión de 2007, pero la original era mucho peor:

http://www.ritmic.com/pequenas-grandes-voces-musica-infantil-343068/hamburguesa-5950841.html

El grupo por excelencia, que literalmente lo petaba en aquellos años oscuros, fue Bom Bom Chip, con rimas tan curradas como "Llena tu nevera con kilos de peras", "Ay, ay, ay, ay, tengo un novio de Hawaii", etc. que se incluían en temas tan atroces como Multiplícate por cero, Déjame en paz, Miércoles, y así una larga lista de ignominias. El recuerdo, como es lógico, me dio escalofríos, pero debía sobreponerme. ¿Tendrían los Bom Bom Chip alguna canción de Navidad que, además, se ajustara a mis expectativas?


Si mis expectativas eran algo medianamente decente, desde luego que no.

Después de la última puntilla, decidí irme a dormir. He de decir, en justicia, que ya he encontrado alguna buena idea que debo compartir con los chiquillos, para que elijamos nuestro hit navideño y lo pasemos bien haciendo una divertida actividad entre todos. Pero esto es como todo, para llegar a la gloria, todo héroe ha debido previamente descender a los Infiernos. Hasta para mirar villancicos en noviembre.


miércoles, 30 de octubre de 2013

Finding Mark

Ayer fue un día bastante curioso. Me han encargado escribir la reseña de un libro, y parece que dentro de poco podré ponerme a intentar vender el mío como una loca por donde pille. Al hilo de eso, siempre se dice que las buenas noticias -al igual que las malas- nunca vienen solas. En este caso, lo que no ha venido solo ha sido un genial descubrimiento.

Desde hace tiempo me gusta escuchar música de los años setenta y ochenta, esto es un hecho, que quedó suficientemente demostrado en mi post sobre las cabeceras de las series (aquí). A pesar de que tampoco soy muy partidaria de poner los ochenta por las nubes simplemente porque sí, he de reconocer que buena parte de la música que se hacía en esos años me encanta.

Fue por este motivo que, escuchando mi emisora de radio predilecta, solía encontrarme con joyitas inesperadas, como Bette Davis eyes de Kim Carnes, o la BSO de Cumbres borrascosas, interpretada por Kate Bush (frikaza a la que debería dedicar algunas líneas de admiración cuando pueda). Pues bien, uno de esos encuentros me ha abierto los ojos a una nueva realidad musical.

Estoy pirada y os molo igualmente

Nunca había sido fan de los Dire Straits, aunque bien es cierto que conocía sus canciones más famosas, incluso cuando no sabía ni quién las interpretaba. Un buen día, me enamoré de Sultans of Swing, y decidí buscarla en internet para escucharla un ratito. A partir de ahí, todo fue una sucesión de vídeos, canciones y álbumes, a cada cual más interesante. Sí amigos, hace un mes que conozco realmente a Mark Knopfler, y desde entonces no paro de flipar.

Porque Mark Knopfler es ni más ni menos que un cacho de trozo de pedazo de macarra. En resumen, es un jrande de Ejpania (en esta caso, de la Gran Bretania) básicamente porque puede y porque le da la real gana. Elementos imprescindibles del macarrismo bien entendido.


Knopfler tiene una manera muy peculiar de tocar la guitarra, colocando los dedos meñique y anular como apoyo, y realizando todo el trabajo de punteo sin púa y únicamente con el pulgar, el índice y el dedo corazón. Ya de entrada, hasta en eso nos demuestra que él hace las cosas a su manera. Si a ello sumamos lo bien que toca -porque desde luego es un virtuoso- tenemos ya una clara idea de dónde reside la genialidad del bueno de Mark.

Al insigne guitarrista no le bastaba únicamente con tocar, quería ser cantante, escribir canciones y mostrar al mundo sus ideas, vivencias y sentimientos. Y así fue, los temas de Dire Straits tienen letras de lo más curioso. Destaco únicamente la más famosa, Money for nothing, para no extenderme demasiado. Lo que el viejo y venerable Knopfler de hoy en día llama una "canción de situación" es en realidad una muestra del macarrismo implícito que él mismo llevaba en lo profundo de su ser. Dos tipos de una tienda de electrodomésticos se ponen a despotricar sobre los cantantes de moda que salen en la MTV, diciendo que eso no es trabajar, y que son millonarios y se pegan la vida padre por no hacer nada. Y ya. Y bastante cachondeo tenemos sólo con eso. Mark Knopfler, como siempre, sublime.

pa' flipallo!
Pero claro, no sólo las letras dicen mucho dentro de la obra de Knopfler, ojito con los vídeos de los Straits, que tienen su jolgorio y su miga. Se me viene a la mente, por ejemplo, un vídeo promocional de Walk of life. Al comienzo, se superponen imágenes de jugadores de baseball que van ajustando sus zapatillas, recogiendo el bate, etc. mientras Knopfler va también preparándose par su propio show. Todo el vídeo gira en torno a una actuación del grupo, montada con imágenes de los deportes predilectos del público estadounidense. Baseball, baloncesto, rugby...  El problema, o mejor dicho, lo curioso y mejor del asunto, es que todos los deportistas que salen se dan auténticas trompadas. Caídas, gente bizarra frikeando en el público, planos en los que se destacan la nalgas de las animadoras... todo ello lleva a pensar si no estarán los Straits trolleando un poquejo, cachondeándose, en parte, de esa american way of life deportiva. Pongamos el vídeo y opinad vosotros mismos.


Otra consideración que me hace pensar que Mark Knopfler es un jrande es su capacidad par sintetizar macarronería y horterismo del bueno con pocos elementos. En este mismo vídeo del que hablaba -y en otros muchos- nos muestra Mark lo más granado de su estética: cintita y muñequeras de algodón de ésas que llevaban Eva Nasarre o Jane Fonda para hacer aeróbic, chaqueta o camisa conjuntada y mocasines de colores, cuando no zapatillas de deporte. A pesar de que en la promoción de Walk of life Knopfler tiene serios competidores, como su compañero descalzo con un traje blanco y un foulard violeta con brillitos, o el cachas rubiales de la pandereta y el traje rosa, queda claro que cualquiera podía ser un hortera mariquituso en los ochenta; pero ser un hortera macarra era mucho más complicado y épico.

Viejuno, con camisa hortera abierta.
El poso siempre queda ahí.


Ya habíamos dicho que Knopfler tuvo la necesidad de compartir con la gente las paranoias que se le pasaban por la cabeza, y también hemos podido ver una pequeña muestra de su mise en scène macarrufias. Sin embargo, hay otro aspecto que me fascina sobremanera de las cosas que hace este señor, y es su forma de cantar. Esa voz grave, que casi parece que, más que cantar, recita, con una languidez entre lo yonkorro y lo neurasténico, hace que las más de las veces no se entienda un pijo de la letra. Amén de que escuchar la misma canción en diferentes versiones es toda una experiencia. Desde cambios en palabras hasta entradas en compases distintos, pasando por aceleración o ralentización en la medida de los versos o la pérdida absoluta de sonoridad a final de frase. Todo vale para que Mark Knopfler saque lo que lleva dentro, incluso sus aparentes pocas ganas de cantar.

Sin embargo, y a pesar de todo esto, otra de las virtudes de Knopfler es su actitud. Macarra y trollazo, por supuesto, pero además, SEÑOR.

Cuando Mark Knopfler sentía que se cansaba de irse de gira mundial con los Dire Straits, en lugar de relajarse en la campiña inglesa, o de desbarrar en Ibiza, o pasarse unos meses de asueto en una clínica de desintoxicación, decidía cambiar radicalmente de estilo, tocando su guitarra únicamente, asociándose con guitarristas de música country -como Chet Atkins- o saliendo en especiales de televisión par concienciar a los niños sobre la importancia de la música:


Ya con el pelo cortado, vestido como una persona normal, Knopfler se muestra en una nueva etapa, como un cantante introvertido y sensible, leyendo su periódico tranquilamente, subido al escenario con traje y camisa -algunas muy bonitas, como la del Music for Montserrat, por cierto-. Aún así, la bastería y el macarrismo son muy difíciles de dejar atrás. Veamos si no los primeros segundos de este vídeo, en los que no queda claro si Knopfler viene realmente de Newcastle o de Valdemorillos de Abajo, tal y como da las gracias con tono de llamar a las cabras:


Así pues, creo que ha quedado suficientemente claro que Mark Knopfler es un genio, pero no nos quedemos sólo es la carcasa de su Estratocaster. Para obtener la auténtica jrandeza es necesario mezclar una serie de elementos de diverso tipo. Y ahora es cuando más de uno/a dirá: "a ti lo que te pasa es que te pone Mark Knopfler y te lo querrías folgar". Pues creo que a eso voy a contestar de una manera simple, clara y directa, por si alguien no ha caído en ello durante la lectura de este post.

Mark Knopfler es FEO.

¡Y me he casado tres veces!

¡Chúpate ésa!

Y ya sabéis. Poneos el Brothers in arms, ¡y nos vemos en la próxima!

martes, 22 de octubre de 2013

Libros perturbadores: dos libros de cine

En este largo tiempo, una cosa que no puede dejar de intentar hacerse, aparte de ver cómo se te cae el pelo y ves humo negro por estrés, es leer alguna cosita ligera antes de ir a dormir. En mi caso, he optado por dos libros de cine muy majetes, que paso a glosar. Uno de ellos me dejó muy buen sabor de boca; el otro, no tanto. Vamos al lío.

1. Sesión sangrienta, de Jason Zinoman

Hace ya un par de años que esta obra apareció en librerías, y no sé cuál habrá sido el resultado general, pero bien es cierto que los que lo hemos leído hemos terminado contentos con el resultado, además de las buenas críticas obtenidas en diferentes reseñas de los internetes y alguna que otra revista.

Sesión sangrienta repasa la historia del llamado nuevo terror, que cambió la perspectiva del género tal y como se concebía en los años cincuenta y sesenta del siglo XX. Si en un principio los filmes del siempre lírico Vincent Price, e historias como El enigma de otro mundo, presentaban un concepto clásico del terror, en el que incluso el monstruo era más digno de lástima que de escalofríos, un grupo de nuevos directores -Polansky, Corman, Craven, etc.- decidieron que el terror tenía que ser precisamente eso, y que muchas veces, el monstruo se encuentra más fácilmente en el mundo real que en los seres fantásticos.

De esta forma, Zinoman nos muestra un detallado análisis de los más importantes elementos del cine de terror de los años sesenta y setenta, mostrándonos a los más despiadados asesinos en serie, niñas poseídas, madres primerizas sumergidas en un aquelarre de la tercera edad, padres vengadores y adolescentes en apuros, llegando a lo que para él es el último punto de inflexión: Alien, de Ridley Scott.


Además de esto, el final del libro cuenta con una breve reseña de tendencias y directores destacados de las últimas décadas del siglo XX y las primeras del siglo XXI, como el torture porn, representado por cintas como Saw o Hostel. En cada capítulo, las anécdotas se suceden sin necesidad de convertirse en una retahíla de historietas sin hilo conductor, se reflexiona sobre el concepto de monstruo, y se hace hincapié en el impacto de cada una de las películas más importantes del género, puesto que el autor tiene el acierto de presentar sus conclusiones en orden cronológico.

Así pues, casi sin darnos cuenta, asistimos a la aparición de nuevos géneros, como el slasher o el gore, y se comprueban las vicisitudes e ideas que llevaron a aquellos directores "inadaptados" a convertirse en los creadores de un género de culto, con filmes que ya son un clásico, como espero lo acabe siendo el libro de Zinoman. Muy muy recomendable, señores.

2. La antigua Roma en el cine, de Juan J. Alonso, Enrique A. Mastache y Jorge Alonso Menéndez.

Un curioso libro que encontré por casualidad en una feria del libro de hace un par de años. Como mi hermano es un pedazo de friki de la historia antigua, se lo compré. Y hete aqui que al final me lo he terminado leyendo yo, echando vistazos a las estanterías en busca de algo entretenido con lo que pasar la noche antes de dormir.


El libro trata de comentar la historia de la antigua Roma a través del cine. Como todos sabemos, el peplum es un género amplísmo que, aparte de haberse vuelto a poner de moda, contribuye tanto a la Historia y el buen gusto como a la cutrez más absoluta y perturbadora. En este sentido, los autores del libro se dieron cuenta de que hacer un libro medianamente serio en el que entraran bazofias como Rómulo y Remo o Salambó no podía resultar creíble, con lo que decidieron darle al asunto un cierto toquecillo de cachondeo, que es lo que esas horrendas -y divertidas- adaptaciones del mundo romano merecen.

Ahí estriba, creo yo, el problema de este libro. En muchas ocasiones, los datos sobre la organización política, o las costumbres de la época en cuestión, terminan sonando a aburrido libro de historia, y hace que nos perdamos los chistes que sobre las películas se cuentan. Estos chistes, por cierto, resultan graciosos a veces, aunque en la mayor parte de los casos se quedan un tanto descafeinados, o sea, les falta esa burricidad que a mí tanto me gusta. Por este motivo, a veces los pasajes de acalaración histórica no hay quien los levante, pues se acompañan de chistes malos, o han sido tan largos que ya no terminamos de recordar qué parte del film en cuestión nos estaban intentando explicar.


Hay que decir en su favor, que los capítulos y películas elegidas también se exponen en orden cronológico con respecto a la historia de Roma, lo cual resulta interesante, y que realmente cumple con una cierta intención didáctica. Sin embargo, esta suerte de "enseñar deleitando" no remata, siendo aburrida la mayor parte de las veces, cuando no un tanto floja, sobre todo con respecto a las expectativas que genera. Si alguien quiere aprender cosas sobre la historia de Roma de un modo un tanto original, puede ser recomendable, así como si se desea encontrar un catálogo con las cintas más destacadas del género, pero poco más. No me ha resultado tan recomendable como el anterior. Y, con mi hermano y mi padre, como ya he comentado otras veces, también he tragado mucho peplum en mi vida.

Pues nada, espero poder ultimar un nuevo post sobre mundos viejunos en breve. ¿Que qué es eso? ¡Pues ya lo veréis, qué impaciencia!

¡Hasta la próxima!

domingo, 20 de octubre de 2013

Tenía una buena excusa

¿Alguna vez habéis oído la historia de la viejecita que se murió de hambre porque tenía tanta comida que no sabía qué comer? Bueno, pues algo parecido me ha pasado a mí durante más de un mes.

La verdad es que reconozco que me sienta fatal dejar esto durante tanto tiempo, pero es que tengo tantos temas en el tintero que, de no sacarlos, iban a acabar explosionando. El caso es que podría contar una decena de anécdotas e historietas que ya me han ido ocurriendo durante este comienzo de curso para dar a entender lo liada que estoy, pero servirían de poco. Cuando puedo escribir algo porque realmente es el momento de hacerlo, me da igual ocho que ochenta, y lo escribo sin preocuparme de la cantidad de trabajo que tenga que hacer o de la hora a la que me vaya a levantar al día siguiente. Pero no os preocupéis, el motivo que presento esta vez -conste que no es el único- tiene que ver con el ¡ARTE! y eso suele ser una buena excusa.

Pues sí, amiguitos y demás gentes de mal vivir. Resulta que formo parte de un grupillo artístico -más bien me han admitido entre sus filas ¡pobrecicas!- que se dedica a sacar a la luz la obra de sus integrantes. Cine, poesía, narrativa, teatro... todo tiene cabida en nuestra pequeña formación, y por ello vamos a celebrar nuestras idas de olla con un espectáculo de miscelánea artística. Con ustedes, OTRAS PALABRAS.


Pues ya sabéis. El grupo Otras Paalabras presenta: Teacinosía: espectáculo de miscelánea artística. El domingo 27 de octubre en Madrid, en la Tabacalera, a las 19:00h. Si alguien desea pasar un rato entretenido con nuestras creaciones, ¡os esperamos encantadas!

jueves, 5 de septiembre de 2013

¿Pero ehto qué poyah éh? ABBA y España

Soy fan de ABBA. Lo soy desde hace ya 16 años de mi vida. En mi búsqueda incansable, tengo artículos, discos, libros, y algunas chorradas más que a menudo no se encuentran en España, o que sólo se adquieren buscando y rebuscando en internet. Muchas de las veces debo decir que no soy capaz de hacerme con la mitad de las cosas; pero sí que existen medios y páginas web que, al menos, ayudan a ser fan sin arruinarse.

Las cosas como son, cuando era niña no era nada fácil ser fan de ABBA. En España nunca había habido una fiebre real por el grupo, tal y como ocurría en otros países como Australia. En torno a los últimos años noventa y primeros dosmiles, algunos recopilatorios como ABBA Oro hicieron que el fenómeno volviera a resurgir, aunque tímidamente. Ya en la primera década de nuestro siglo, comenzó a producirse un cambio. ABBA celebraba el treinta aniversario de su victoria en Eurovisión, y algunas grandes superficies comenzaron a vender ediciones especiales y de coleccionista de toda la discografía del grupo. Asimismo, se pusieron a la venta importantes recopilatorios y algunos DVD sumamente importantes, como ABBA The movie o ABBA in concert, por ejemplo.

A partir de ese momento, en el que se estrena el corto sólo para incondicionales ABBA, our last video ever en la ceremonia del cincuenta aniversario del Festival de Eurovisión en Copenhaghe, y sumando los elementos anteriores, podríamos decir que el terreno estaba abonado para que la ABBAmanía que España jamás había sufrido comenzara dos décadas después de la disolución del grupo.


La guinda llegó con el estreno de Mamma mia!, el musical creado por Bjorn Ulvaeus y Benny Andersson a partir de sus grandes éxitos. El problema que yo tuve, y el motivo principal por el que no fui a ver el musical, es que estaba en español.

Creo que no me sobrepaso si digo que las canciones de ABBA versionadas en español son bastante malas, a excepción de Chiquitita, cuando no bazofias sin sentido alguno, y no me refiero sólo a la calidad de las letras, que muchas veces se distancia eones del original, sino al uso de pistas de audio distintas, como en No hay a quien culpar -versión de la elegantísima When all is said and done- cuyo fondo suena como un curte-karaoke en midi descargado del emule por error. En fin, que las versiones españolas de ABBA son más malas que el veneno, así, hablando en plata, y que son una muestra palpable de la extraña relación que se estableció entre los suecos de oro y nuestro país.

En plenos años setenta, España vivía los estertores de la dictadura del general Franco. Un año antes de su muerte, ABBA vencía por paliza en el festival de Eurovisión en Brighton. Mientras la BBC y otras cadenas de televisión europeas podían disfrutar del colorido horterismo de los suecos, los españolitos de a pie hubieron de conformarse con imaginárselos entre las brumas que Televisión Española ofrecía en blanco y negro. Esto sólo es un detalle, pero supone una especie de comienzo del cutrerío con el que, no mucho tiempo después, le explotó al grupo justo delante de las narices.
 

Hoy me dispongo a repasar algunas pruebas que demuestran feacientemente lo que digo. Comencemos con unas preciosas actuaciones de 1974. ABBA viaja a España -país que ya conocen, puesto que algunos de sus miembros vienen en vacaciones- en plena promoción de su éxito Waterloo. Uno de los temas que interpretan en riguroso play back es su segundo single: Hasta mañana.

Antes de poner el vídeo, hay un par de cosas que aclarar. Stig Anderson, por aquel entonces mánager del grupo, solía veranear en Canarias. Estando allí, observó que la gente se despedía diciendo "Hasta mañana". Por lo tanto, esta baladita en la que Agnetha se encarga de la voz principal, tiene como tema una despedida amorosa, sólo que con un ligero toque exótico, poniendo la expresión en español en el estribillo. Dicho esto, pongo el vídeo, para que la gente entienda el nivel de la chorrada que se organizó aquí:


Bien. Vamos a ver una cosa. Puedo entender que el nivel de inglés de los españoles en aquel momento no era muy bueno -aparte de que en los colegios lo que lo petaba en aquella época era el francés-, pero en serio, ¿Nadie pudo explicarles de qué carajos iba la canción? ¿o es que les daba igual? "Como dicen hasta mañana" pensó algún listo, "eso es lo que se dice cuando la gente se va a dormir, así que cojamos al grupo de moda, metámoslo en una tienda de campaña con un piano así, en plan desparpajo, y hagamos que suban y bajen unas escaleras que no van a ninguna parte con una vela. ¡Seguro que con eso nos ahorramos poner a la familia Telerín!". La inteligencia le salía al estudio de Prado del Rey por los poros. Se nota.

No hay que olvidar que, por aquellas calendas, en España había había una moda que superaba con creces casi cualquier otra cosa: el Ballet Zoom de Valerio Lazarov. Unos chicuelos muy modernos que bailaban mientras el zoom de la cámara no paraba de moverse. Todo juerga.

¿Y qué pasa si combinamos al maravilloso cuerpo de baile con el super hit del momento? Pues, si encima le metes efectos especiales de última generación a la española, esto:


Al menos hay que reconocerles una cosa. Han intentado hacer una suerte de recreación histórica. Lo que no termino de entender muy bien es por qué tienen que salir pequeñitos cantando dentro de las tripas de un bailarín que pone cara de acidez estomacal. ¿Indirecta? ¿Gañanería? Who knows...

Destaca, en estos mismos años, la anécdota relatada por Miguel Ángel Sánchez en la única biografía española -que no traducida al español- que existe del grupo. Al parecer, cuando los suecos llegaron a Madrid, había gran cantidad de periodistas esperándoles, lo malo es que sólo unos pocos estaban realmente especializados en música, y el resto era lo que aquí se denomina "prensa del corazón". Peor que eso, era que los cuatro miembros del grupo siempre habían sido sumamente quisquillosos en lo que a su vida privada se refiere, y no solían contestar preguntas sobre eso. Ellos eran músicos, y sólo hablaban de música.


Conclusión: una rueda de prensa delirante, en la que la mayor parte de los periodistas no podía preguntar nada, y los suecos se enteraban de aún menos. ¡Ole!

Pasaron los años, y en 1980 la televisión ya se veía en color. ABBA había lanzado al mercado Gracias por
la música, su disco de versiones en español, para ampliar mercado -aunque nunca hicieron ni un solo concierto en ninguna de sus giras, y no me extraña-. Después de siete años desde su primer disco como grupo, y de seis desde aquellas escaleras infernales y el bailarín que necesitaba aero red, España decide premiar a ABBA por las ventas de su single Chiquitita en castellano. La pregunta es: ¿cómo lo hacen? Muy sencillo, entregándoles el premio a GRUPO REVELACIÓN. ¡De 1980! Haced el facepalm ahora, que luego se os van a quitar las ganas.

ABBA sólo estaba a un par de años de desaparecer; pero a los españoles aún les quedaban un par de momentos vergonzosos que protagonizar con ellos. Cutrerío hasta el final. ¡Ese es el espíritu! En torno a 1980-81, el programa Aplauso se hacía eco de la más rabiosa actualidad musical. ABBA fueron entrevistados dos veces por José Luis Uribarri, que ya por entonces tenía de actual lo que Sweeney Todd de líder de una ONG. Para animar a la gente de Ejpaña a bailotear con los temazos de ABBA en los guateques, decidieron que sería bueno que interpretaran alguna canción en español. Como todo se hacía en play back, pues eso que enchufaron. ¿El error? Este:


¿Quién ha sido el ser humano depravado al que se le ocurrió que era bueno promocionar una canción discotequera sentado en un sofá y leyendo la letra en un folio guarro? ¿Qué especie de mente retorcida pensó que eso se podía disimular dando palmitas y sonriendo con cara de circunstancias? Ante esto ¿se extraña alguien de que la pobre Frida se levante y haga unos gestos vergonzantes? La pobre lo que intentaba eran dos cosas a la vez: darle un poco de movimiento al asunto, y demostrar que aquella situación era tan surrealista, que mejor te pones a hacer el imbécil, si el pudor ya lo tienes perdido. ¡Por lo menos, que se rían! Aunque la cosa no es para reírse...


La segunda y última entrevista, que pone fin a este ignominioso repaso, es del año 1982. ABBA está a un pelo de separarse, y Aplauso celebra su aniversario. Como no podía ser de otro modo, vuelven a mandar a Uribarri -no debieron aprender de la primera vez- a que los entreviste. La cosa es de traca. Para empezar, el inglés sigue siendo una asignatura pendiente de los españoles, ya que las traductoras simultáneas utilizan expresiones como "película de promoción" (por videoclip) y ponen el título que les da la gana a las canciones. (Una expresión tan curiosa y específica como Head over heels se traduce por De cabeza y sobre ruedas, que no tiene que ver un pijo con la canción original. ¿Alguien lo entiende?). Para colmo de males, Uribarri lee las preguntas que le deben haber hecho los guionistas, porque dice que Björn es el letrista y Benny el único compositor. Esto era cierto en parte, pero Benny se encarga de resaltar que ambos hombres son músicos y que componen sus canciones juntos -cosa que estaba ya archisabida desde el principio-. Ante esto, ¿creen que Uribarri rectifica? ¡Pues claro que no! Él sigue a la suya, preguntando en la misma línea.

Otro momentazo llega cuando Uribarri pregunta a los suecos si les gusta algo de la música española. Ante esto, Agnetha, que parece la más puesta en el tema, le responde que Julio Iglesias le gusta y que las canciones de Los Paraguayos son muy interesantes por lo folcklóricas. José Luis, que estaba siendo humillado por goleada, decide tomarse su revancha, y le espeta a la rubia que "los paraguayos no son españoles", con aires de superioridad, a lo que la Reina de ABBA permanece muda, con cara de decir "ya la he cagao". Yo no es por ser fan, pero tampoco se lo reprocho, visto lo visto, el desconocimiento era cosa de ida y vuelta. Y puede que ABBA no conozca demasiado de la música española, pero los periodistas españoles sabían aún menos sobre la música de ABBA. ¿Quién gana?

De todas formas, dejo aquí testimonio con las tres partes de la entrevista, que no es demasiado larga, para que la disfrutéis y opinéis en consecuencia con sus burradas. Alguna más hay por ahí, por supuesto, también realizada por Uribarri. Una de dos, o el resto no se atrevía a entrevistarles, o es que entre el grupo y el señor casposo se creó una aversión personal. ¿Será Uribarri el archienemigo de ABBA en un universo Marvel paralelo? Qui sait?...

http://www.youtube.com/watch?v=v_lgr9gjzfE

http://www.youtube.com/watch?v=Pcqj8FeSeig

http://www.youtube.com/watch?v=5PEod9o_PH0



domingo, 25 de agosto de 2013

Libros perturbadores: El maestro del Prado

Hace ya algunos años que leo los libros de Javier Sierra. Supongo que esto puede sorprender a más de uno, teniendo en cuenta que, supuestamente, la gente a quien le gusta la buena literatura no aprecia los best-sellers, y los mira por encima del hombro.

Lo que ocurre con todas esas ideologías extrañas, es que a mí me da bastante igual la opinión de la gente en lo que a mis gustos y preferencias se refiere, sobre todo si estos van acompañados de prejuicios y demás tonterías. No me gusta leer cualquier cosa, pero tampoco paso las tardes recitando a Góngora en mis ratos de asueto. De hecho, al margen de la incalculable aportación de la obra del cordobés a la historia de la literatura, nadie me quita de la cabeza que, en líneas generales, sus poemas son un soberano coñazo y un truño infumable, ¡ea!



Como decía, hace ya algunos años que sigo la trayectoria de Javier Sierra, puesto que, al menos en los temas que toca, hay que reconocerle el mérito de ser un hombre informado. Además, sus historias suelen tocar temas que podríamos calificar de sobrenaturales o conspiranóicos, pero siempre desde el punto de vista abierto de que el lector se encuentra ante una ficción, lo cual es francamente encomiable, teniendo en cuenta que Sierra lleva muchos años trabajando como periodista.

Quizá esta faceta periodística sea, a un tiempo, la virtud y el talón de Aquiles del escritor. Muchas de sus extraordinarias anécdotas e investigaciones suelen ser la base de sus novelas, lo cual les da un punto interesante sin entrar en historias simplonas del tipo de Dan Brown; sin embargo, muchos de sus libros adolecen de una cantidad ingente de información, que hace que la trama resulte aburrida y caiga sin remedio, por muy sugestivo que sea el fondo de la historia, o por muchas horas de investigación que se hayan invertido en ella. En este sentido, creo que uno de los mejores ejemplos es El ángel perdido. La cantidad de personajes, con nombre y apellidos, sumado al constante bombardeo de datos página tras página, me dejaron francamente sobrepasada y aburrida como una ostra.


Otro de los problemas que presentan algunas novelas de Sierra es la resolución de la trama. No creo que haya que juzgar el conjunto de una obra tan sólo porque el final no esté a la altura de la misma, pero, no nos engañemos, un mal final puede suponer la ruina de casi cualquier historia decente. Algo parecido ocurre con La Dama Azul, la primera novela del escritor. La historia es más que interesante, los capítulos son breves, el estilo muy ágil, y los personajes resultan curiosos. La estructura en puzzle funciona más que aceptablemente -no así en El ángel perdido- y al final se aporta una serie de documentos que dan cierta verosimilitud a la novela, y mueven a más de un par de reflexiones -probablemente las del propio Sierra- que hacen que el libro se quede en algo más que un simple best-seller cutre. El problema, como ocurrirá en novelas posteriores, está en el final, resuelto muy por los pelos, deprisa y corriendo y con pocos datos. Esto, dentro de un estilo en el que parece que dichos datos sobran por los cuatro costados, resulta chocante. Lo cierto es que, en el caso concreto de La Dama Azul, ese final rápido y poco efectivo daba más pena que otra cosa, puesto que el resto del libro está bastante bien, y dejo claro que me parece muy recomendable, más ahora, en estas fechas de verano, cuando una lectura ligera y amena es lo mejor para endulzar las vacaciones, o la vuelta al trabajo.

Con respecto a El maestro del Prado, reconozco que yo iba con alguna reticencia. No me apetecía encontrarme de nuevo con una trama puzzle, llena de datos sin sentido y un final flojo. En resumen, tenía miedo de que todos los defectos de las novelas de Javier Sierra se hubieran unido en un único libro, y que hubiera pasado de ser un escritor entretenido, a otro completamente aborrecible.


Nada más lejos de la realidad. La novela gira en torno a un hecho autobiográfico del autor. Siendo estudiante de Periodismo, recién llegado a Madrid desde Teruel, decide pasar parte de su tiempo visitando el Museo de El Prado. En una de sus visitas, conoce a un extraño y enigmático personaje, llamado Luis Fovel, que se ofrece a explicarle los misterios de las obras de la pinacoteca. A partir de ese momento, la historia se articula en torno a la evolución personal del protagonista, que comienza a plantearse su visión de la Historia de una forma completamente distinta. En su aprendizaje, estará acompañado por su amiga Marina -la clásica chica que tiene la virtud de salir lo justo para aportar algo a la trama y no desviar la atención del lector-, y un viejo bibliotecario de El Escorial, que a su vez será quien le aclare -o más bien le sumerja más en el misterio- de su aventura.

En conjunto, la novela es muy entretenida, y en ella se aportan datos, como siempre, pero que sirven de mucho la lector curioso. No hace falta ser un entendido en arte para apreciar las curiosas valoraciones y enseñanzas del carismático Fovel, además de que la edición va acompañada de ilustraciones a todo color de cada una de las obras que van apareciendo a lo largo de la historia, lo cual provoca que nos entren ganas de escufriñar las pinturas y comprobar si lo que de ellas se cuenta en el libro es verdad. Lo cierto es que este detalle resulta muy ilustrativo y muy acertado.

Javier Sierra, mostrando las ilustraciones del libro

Además, el autor ha querido dar vida a su historia con un poco de acción, introduciendo a un extraño personaje que persigue a los protagonistas, quizá por alguna antigua rencilla con el propio Fovel, quizá para que no se descubra la verdad de sus enseñanzas, quizá para prevenir a los jóvenes de algún peligro, o puede que para meterlos en más problemas. Una inclusión que dura lo justo y no se hace pesada ni excesivamente fugaz.

En este caso, agradezco enormemente que Javier Sierra haya abandonado la estructura piramidal -o de puzzle a veces- que venía ofreciendo en anteriores novelas. Hay que reconocer que ha tenido la suficiente vista para darse cuenta de que, para contar esta historia, ésa era la forma menos adecuada. La narración es lineal, sencilla, sin exceso descriptivo ni de diálogos. Es una novela cuya mayor virtud es que cabe en todo lo que promete.

¡Y qué mejor  manera que terminar por el final! Esta vez, el autor ha logrado un final que no me deja buscando páginas inexistentes en el dorso del libro. Lo que digo, es una novela de medidas justas. Un traje que a Javier Sierra le ha sentado como un guante, y que tiene tallaje de sobra para cualquier lector.

Esta foto es un frikerío muy gordo, pero no me resisto a dejarla pasar.
Recomiendo su lectura sin duda, y espero que a la gente le guste tanto como a mí. A primera vista, y después de unos cuantos meses de ventas, parece que muchos lectores están de a cuerdo conmigo. Me alegro de que sea por un buen motivo.


Películas de contraste. Mujer contra mujer. (2 de 2)

Recién terminado mi post sobre Si las paredes hablasen, paso ahora a hablar de su segunda parte.

Como dije anteriormente, la segunda entrega de esta mini serie para televisión de HBO es bastante más interesante y entretenida que su predecesora, si bien se estrenó cuatro años después y su temática es completamente distinta.

If these walls could talk 2, traducida en España como Mujer contra mujer, fue, al igual que la primera entrega de esta curiosa saga, bastante premiada. La mayor parte de las nominaciones y premios fueron a parar a su cuidado y acertado casting, aunque Vanessa Redgrave dio la campanada, obteniendo un Emmy y un Globo de Oro por su actuación en esta cinta.

De nuevo, se nos cuentan tres historias en diferentes décadas, los sesenta, los setenta y el año dos mil. Solo que en este caso el hilo conductor de todas ellas es mostrarnos la vida de una pareja de mujeres en cada época, y los problemas que deben afrontar por su condición.

En la primera historia, Edith (Vanessa Redgrave) y Abby (Marian Seldes) son una pareja de lesbianas que lleva la mayor parte de su vida viviendo en una casita, ocultando su condición a todos sus vecinos, que las tratan como dos simpáticas señoras solteronas. Una noche, tras asistir al cine -a ver La calumnia, por cierto- Abby se rompe una cadera y cae desde la escalera del jardín. Rápidamente es trasladada al hospital, donde Edith espera impaciente el resultado de su operación. Allí se encuentra con una mujer que ha ido con su marido, quien acaba de sufrir un infarto y está muy grave. Edith siente envidia por no poder mostrar sus sentimientos de la misma forma, puesto que sólo es "una amiga de la paciente". Al no ser un familiar directo, no puede entrar a verla, y los médicos la ignoran cuando han de comunicar la muerte de Abby, a pesar de que Edith ha pasado toda la noche en el hospital.

Una vez vuelve a casa, no terminan los problemas. Un sobrino de Abby, único familiar al que Edith puede acudir, visita la casa con su esposa y su hija, y decide que, al estar la propiedad a nombre de la difunta, Edith no tiene más remedio que abandonar su hogar y buscarse otro sitio donde vivir. De hecho, ni siquiera puede conservar la mayoría de sus recuerdos, que quedan a cargo de la "única" familia de Abby.

Tras esta triste historia, saltamos a los años setenta. Un grupo de jóvenes lesbianas, universitarias y feministas, vive en una casa de alquiler y participa activamente en las protestas del campus. Todo se complica cuando las tres amigas son expulsadas del grupo feminista que ellas mismas han formado, porque los demás colectivos de izquierdas no admiten las protestas homosexuales entre sus filas.


Para desquitarse, las chicas deciden salir a dar unas vuelta, y van a un bar de ambiente lésbico. A la mayoría, el garito les parece más bien sórdido, puesto que se trata de un lugar en el que algunas mujeres visten y actúan como hombres, y se comportan como en una sala de fiestas de los años cincuenta. Se baila agarrado, se bebe en mesitas, y las señoras toman una copa, conversan o intentan ligar. Desde luego, no es un sitio en el que haya mucha juerga. Sin embargo, Linda (Michelle Williams) parece sentirse a gusto en el local, y conoce a Amy (Chloë Sevigny), una chica que viste de hombre y conduce una flamante motocicleta.

Tras la primera cita, Linda descubre que las chicas heterosexuales no son su único problema. Sus amigas y
compañeras de piso critican a Amy por vestir como un hombre, y aceptar las premisas de los roles sociales. En realidad, Amy no se siente el hombre de la relación ni nada de eso. Simplemente, está cómoda vistiendo de ese modo, y viviendo de una forma más marginal. Las jóvenes activistas, sin embargo, fijan sus miradas en ella de forma prejuiciosa, lo cual nos lleva a la reflexión final. A pesar de que se estén reivindicando una serie de derechos y de que todas las mujeres lesbianas parecen protestar con una sola voz, aún existen prejuicios, incluso entre las propias lesbianas, que las hacen casi tan cerradas de mente como esas chicas del grupo que las critica.

En este caso, la historia termina felizmente, puesto que Linda, la más abierta de todas, decide comenzar una relación con Amy. La escena final de las dos jóvenes besándose, mientras un vecino curioso observa de forma indiscreta, es bastante divertida. Linda y Amy gritan al vecino, entre risas: "Bueno, ya está bien. ¡Es hora de que las lesbianas se vayan a dormir!", y entran en casa felices por no tener que ocultar nada a nadie ni dar explicaciones.

De esta forma, pasamos a la última historia, de nuevo la más floja de las tres -hasta en esto coincide la estructura de las dos películas-. Fran (Sharon Stone) y Kal (Ellen DeGeneres) son una pareja que quiere tener hijos. Después de buscar y seguir buscando por todas partes, encuentran una clínica en la que Fran puede ser inseminada. A pesar de las múltiples pruebas y tratamientos, el tono de comedia de esta última pieza -dato curioso: está dirigida por Anne Heche, que ya nos salió en la anterior película y que, a la postre, era la pareja de Ellen por aquellos años- hace que, tanto la búsqueda de esperma -"I've got sperm!" grita DeGeneres cargando con un enorme bidón-, como su implantación y las conversaciones trascendentales que se marca la pareja sentada en el capó del coche mientras observan a los niños de una guardería, se hagan mucho más llevaderas, además de aportar un nuevo final feliz, cuando Kal y Fran terminan bailando en el cuarto de baño, porque al fin la segunda ha logrado quedarse embarazada.

En fin, que la película termina felizmente, tratando de dejar un mensaje optimista, y resaltando los logros obtenidos por el colectivo gay a través de las décadas. Sin embargo, recalco que esta historia es la más floja de las tres, puesto que, realmente, no cuenta nada especial, salvo la celebración por el cambio de la situación y una ligera reflexión sobre todo lo que aún debe cambiar en la sociedad.

A pesar de todo, la película resulta interesante y emotiva. Las actrices están espléndidas, y los puntos de vista que aparecen son amplios y profundos. En resumen, una cinta perfecta, de sólo una hora y media de duración -como la anterior, debo decir-, que se puede ver no sólo de madrugada, sino a cualquier hora.

Para quien quiera hacerse un maratón con los dos filmes, dejo enlace de esta segunda también. Que lo disfrutéis.



http://www.youtube.com/watch?v=L0Ax8aeXZrA