martes, 22 de abril de 2014

Aquí llega Eurovisión. Capítulo 2: 1980

Después de unos días en los que la palabra "vacaciones" podría traducirse como "momento en el que crees que tienes tiempo libre pero no paras ni tres minutos para estar un poco sola", puedo escribir esta segunda entrega de la serie eurovisiva.

En el capítulo anterior, habíamos glosado las glorias de ABBA en 1974, así como visto un precioso documental de Informe Semanal. Esta vez, saltamos una década más, y nos vamos corre que te corre a 1980.

Como ya dijimos, la estela de ABBA había dejado un importante poso dentro de la concepción de espectáculo que el festival podía ofrecer. Un nuevo concepto, según el cual podías presentar una puesta en escena original, con temas alejados de la canción ligera, y más cercanos al pop-rock, además de la revolucionaria idea de poder cantar en un idioma que no fuera el de tu país. Estas nuevas ideas se fueron implantando en muchas participaciones posteriores del festival, aunque muy poco a poco, más de lo que podemos pensar. A pesar de que en 1975 Noruega se alzara vencedora con un tema en inglés (Ding-A-Dong), interpretado por un grupo vestido con petos de colores y lentejuelas, o de la magistral y memorable actuación de D'Schingis Kanh en 1976, así como la cuqui Save your kisses for me de Reino Unido, ganadora de ese mismo año; lo cierto es que todas estas tendencias originales se fueron introduciendo a paso de tortuga y, salvo honrosas excepciones, la canción ligera y la balada seguían siendo las reinas del festival, a pesar de la victoria de Israel en 1978 con una canción más cercana a la música disco como era Abanini Aboebe.

Así las cosas, podría parecer que los años 80 eran los adecuados para que la horterada bien entendida y la originalidad cutronga hicieran su aparición sin ambages. Nada más lejos de la realidad. A partir de 1982, la mayor parte de las actuaciones dan paso a una elegancia ochentera, con una estética asimilada y, a ratos, aburrida. Como digo, hay festivales en los que las excepciones confirman la regla, aunque de estas excepciones me ocuparé en otro momento. Sin embargo, algo muy curioso puede observarse durante los años 80 y 81.

Al principio, estuve indecisa con estos dos años. ¿Con cuál me quedo? ¿Cuál cojo? Como en el fondo tenía un recuerdo bastante difuso , tuve que verme los dos de nuevo antes de decidir. Finalmente, la elección estuvo más que clara. Si bien 1981 es un año que tiene algunas majaradas muy divertidas, en 1980 no puedo descartar a nadie. ¡A nadie! Sólo hay una canción que es un poco más peñazo, y aún así tiene cosas que comentar. En serio, 1980 es un año lleno de jloria y jrandeza sin parangón. ¡Vamos a verlo!

El festival de Eurovisión de 1980 se celebró en La Haya. Hay que decir que Israel había ganado el año anterior con Hallelujah, pero declinó celebrar la ceremonia por ser ese mismo año aniversario del Holocausto. Así pues, Holanda se puso a tope con los preparativos y dio lugar a uno de los mejores festivales de todos los tiempos, que en algunos casos resulta muy bonito y elegante, y en otros sorprendente, por no decir más.

El primer país participante fue Austria, con un conjunto de dos hombres y dos mujeres vestidos de blanco, que cantaban a la música, así como concepto general. Hay que decir que este año destacan, por un lado, los grupos y conjuntos frente a los solistas y; por otro, las canciones dedicadas a las artes, como en este caso la música. En el primer caso, lo mejor de que vayan grupos es que suelen ir acompañados de coreografías, lo cual suele ser fuente de cachondeo sin fin. En el caso de Austria, por favor, poned atención a las caras de flipe y convicción de los chicos, y a la cara de psicópata de película de Antena 3 a las cuatro de la tarde de la morena. No tiene desperdicio. La canción, una horterada.



La siguiente actuación tiene miga. Ajda Pekkan canta una canción que nos podría resultar un tanto anodina o, simlpemente, ridícula. el problema está más bien en la letra, porque a Israel no se le ocurrió mejor cosa que presentar una canción llamada Petr'oil (petróleo). Aparentemente, la cosa va de que la cantante no quiere diamantes ni dinero, ni nada de eso, porque lo que de verdad le mola es el petróleo, y le pide a su amado que le dé "gasolina a nuestro amor", erigiéndose como precursora directa del reaggetón. Pero vamos a la chicha, ¿Los israelíes hablando de petróleo, con la que tenían montada en pleno 1980, y cuando aún no se había salido de la crisis de 1978? En este caso, el petróleo huele a trolleo del bueno. Si encima tu director de orquesta se llama Atilla, no te lo quiero ni explicar.



Seguimos con Grecia, que este año se alejó de las panderetas, pero no pudo privarnos de un horterístico alarde de folklorismo y una coreografía de gente vestida de negro y rojo, que parece una escena eliminada de El baile de los vampiros de Polanski. Anna Visi y los Epicúreos (me parto), hacen una canción sobre autoestop, que explica el hecho de que la chica lleve una falda abierta enseñando las piernas. Pegadiza, graciosa. Poco más.



Luxemburgo siempre se había caracterizado como uno de los países que solían ser un valor seguro en Eurovisión, y oscilaba entre baladas o muy sosas, o muy bonitas. En este caso, el cambio de década debió de afectar al cerebro de alguien, y decidieron que lo mejor era llevar a dos gemelas rubitas con voz de coro de catequistas prepúberes, cantando una canción pseudoinfantil sobre el papá pingüino, un señor gordo con voz de barítono que sólo dice "papapapapapapa" y camina haciendo el moñas disfrazado con un chaqué. La canción, la coreografía, la impecable combinación de trajes de plástico azul y rosa... una genialidad.



Este fue el primer año para Marruecos, que se presentó con una canción bastante floja, muy aburrida. La única de hecho que no tiene nada destacable en este año. La pobre cantante hizo lo que pudo, con un tema de música típica de su país y una túnica verde de cuello vuelto. Nada más.



Italia tuvo dos actuaciones míticas en los años 80, una fue la de Franco Battiato en 1984; y otra, al año siguiente, con Al Bano y Romina Power. En 1980, la canción Non so che darei fue interpretada por un tipo con cara de enratonao y un coro de señoritas vestidas de colores. Lo que en un primer momento puede parecer un alarde de virilidad a la italiana se transforma, sin comerlo ni beberlo, en un señor con una camisa lila cantando en falsete que, no es por nada, da bastante grimita. Y no es por jorobar, pero este hombre mueve más a risa que a Italian lover. Si además sumamos la coreografía de las mujeres que se excitan llevando una guitarra de pega en la mano, pues ya me contaréis.


La representación de Dinamarca es una de las mejores. Un grupo folk de señores vestidos con monos de colores y camisas de rayas, que recuerdan a una mezcla de los pitufos y los curris en lo grotesco, con un cantante que es la representación gráfica de qué hubiera pasado si Daniel el travieso se hubiera metido en la marmita de la poción mágica cuando era pequeño. Todo con una voz desgastada, el coro del calvo, el delgaducho y el flipao, dándole la réplica a una canción que pretende ser nostálgica y termina siendo más bien aburrida. Personajo.


Thomas Ledin fue el representante de Suecia en 1980. Anteriormente había trabajado en la última gran gira de ABBA, haciendo los coros en el estadio de Wembley, amén de por Europa, Australia y Estados Unidos. Aquel año se presentó al festival con una canción que, para mi gusto, es muy pegadiza y era una de las mejores opciones. El problema es que estaba en sueco y que eso de llevar una camiseta de leopardo con rayas verdes no termina de quedar bien del todo, así como agacharse dando el culo al resto de Europa porque se te cae una cosa -o bueno, eso puede que sí quede bien-. De todas formas, ya digo, una de las mejores del festival de aquel año: Just Nu!


La entrada suiza es una de las que ya hemos comentado que marca un poco la temática de este festival: Cinéma es un homenaje al cine, como hemos visto antes otro a la música. El problema es que, de nuevo, la cantante es un coñazo de persona que nos cuenta lo bien que lo pasaba yendo a ver pelis de Chaplin los domingos por la tarde cogida de la mano de su padre. Además de que las referencias cinematográficas resultan pretenciosas y un tanto desconcertantes. La canción parece llevar un cierto ritmo de musical, de obra de Broadway, y Paola del Medico hasta se permite el lujo de marcarse un numerito cutre de claqué, para que los pobres espectadores tengan que hacer honor a su apellido por el dolor de cabeza. Mucho lirili y poco lerele.


Finlandia ese año debió pensar que era moderna y original, pero todos sabemos que lo que hizo fue enviar una soberana castaña, hortera desde todos los puntos de vista. Un finlandés enorme, con cara de ir a decirte penitenciagite, rubio y con voz de barítono, llevando la voz principal mientras toca la flauta travesera dando gritos para animar al personal. La canción, como no, se llama El flautista, pero no se engañen. Yo creo que éste espanta hasta a las ratas. Por cierto, aviso a los modernos: las pulseritas de cuero ya estaban de moda, y las lleva este sujeto. De nada.


Noruega presenta una de esas canciones que te dejan con el culo torcido desde el minuto uno. Interpretada por una pareja de cantantes masculinos, en escena vemos sólo a uno, que canta una balada con una guitarrilla. En un momento dado, se hace el silencio, y una voz lejana va aproximándose al escenario. A partir de ahí, todo deja de tener sentido. Ritmo de marcha militar, el de la guitarra interpretando en clave de canción protesta, y el otro repitiendo lo mismo una y otra vez hasta que el "lore lore", te sale por las orejas junto con el humo. Al parecer, la canción es un homenaje a Laponia, y encima no sale Noeli, aunque os aseguro que no hubiera desentonado: En Laponia hace frío, pero yo me río... con permiso de mis neuronas.



De nuevo otra canción relacionada con las artes. La propuesta de Alemania para 1980 fue Theater, cantada por una pelirroja muy elegante. Otra de las firmes candidatas a ganar. Vestida con un chaqué blanco y acompañada de unos mimos muy majetes, la pelirroja de la edición interpreta un tema que recuerda a los sonidos de los cabarets y que queda la mar de bonito, sencillo pero efectivo. Y el plano a los guantes de muñequitos es todo un acierto.


Reino Unido de nuevo decidió llevar un conjunto, aunque aún le costaría un año más encontrar la fórmula perfecta para ganar el festival. En su línea, llevan a un grupo de tres parejas que cantan que el amor es suficiente para dos. Bigotones y trajes que mezclan el rosa fucsia con el azul claro y el verde son aciertos que, unidos a la coreografía, dan muchos puntos de mariconismo ochentero bien entendido, aunque no fue suficiente.


Portugal no quiso quedarse atrás en modernez, y para demostrarlo, se llevó a un clon de combate portugués de Elton Jonh. Señor con gafas de sol que toca el el piano y que tiene la voz aguda, amén de que canta una canción bastante movidita y se flipa mucho, todo lo contrario que los sosos corifeos del fondo, quizá más acostumbrados al fado que a otra cosa. Mucha pasión, pero poco que destacar, en realidad. Quizá con unas mallas de colores y unas gafas más discotequeras hubiera resultado convincente.


Una de esas curiosas casualidades de la vida que te encuentras sin saberlo. ¿Recordáis a MacNeal, la rubia que cantaba con el hombretón barbudo y la muñeca zarrapastrosa? Pues este año decidió ir a Eurovisión por su cuenta, cantando una balada sobre Ámsterdam. Lo malo es que había dejado su hippismo aparcado en 1974, y en este caso iba por la vida de cantante seria. Con el pelo largo, peinado con volumen, y un vestido negro brillante de alcachofas en el escote y con una especie de forro rosa por debajo que le roba de sopetón toda la dignidad, canta lo que es básicamente otro coñazo festivalero. Hija mía, molabas más cuando te drogabas.



Francia es una de las mejores de este año, sin duda. Bueno, de las mejores quizá no para ganar, pero sí para pasarlo bien. La canción es muy divertida, y tenemos a un grupo vestido de blanco con una franja arcoiris, que forman un arco completo cuando se ven desde lejos. ¡Qué idea! La coreografía no está demasiado currada, pero la música es más pegadiza que la de Grecia de 1974. Con eso está dicho todo. Así que, os dejo con el pelos, la cara cuadrada, el doble de Miguel Bosé, la pitufita con cara de señora mayor y el hombretón calvo con mallas, para que veáis una auténtica muestra de mariconismo de los ochenta, un "tututú" muy salado a falta de estribillo, y el desgarbe de las damas con respecto a la alegría gayfriendly de los caballeros. ¡Me encanta!


Y tres titanes para el final, cada uno por un motivo diferente. En primer lugar, Irlanda, con la elegantísima What's another year, balada que se convirtió en un éxito en todo el mundo. Jovenzuelo, con las manos temblorosas y una voz que da vértigo, Johnny Logan logró meterse a Europa en el bolsillo con esta preciosidad, que demuestra que un arreglo de saxofón bien hecho te soluciona cualquier balada edulcorada.


¿Y España? ¿Dónde está España? Que se nos acaba el festival y no sale. No pasa nada, chicuelos, este año les tocó los penúltimos; pero la cosa no fue tan trágica como en 1974. Trigo Limpio era un grupo formado por dos hombres y una mujer, que a pocas semanas antes del festival hubo de ser sustituida. Aún así, la canción elegida era bastante apañada. Una balada sobre la reconciliación de una pareja, con un subidón final galopante. Los datos: Se equivocaron con el nombre de la canción, que debía de ser complicado de pronunciar, y en el rótulo "Quédate esta noche" se convirtió en "Que data esta noche". No sabemos de qué o dónde data realmente esta tontuna, pero bueno. Para mí, lo mejor son las caras de los caballeros, el hombre de la mandíbula inmóvil y el señor arrebatado del bigote, que pone cara de estar teniendo una especie de visión mítica extraña. Trigo limpio. La canción me gusta, la verdad, aunque visto lo que había, sabíamos que ganar no era una opción, ni tampoco quedarnos entre los más miérder. ¿Demasiado correctos? Tal vez.


Y por último, el broche de oro. Lo mejor de lo mejor. Los ganadores morales del festival, por encima de las Pili Y Mili del pingüino y del lapón cabezorro. TELEX fue la apuesta belga para 1980. Como ya comenté en el post anterior, Bélgica no había caído en la cuenta de lo mucho que podía aportar a un festival que se abría a la originalidad y el cutrerío con tan altas miras. En 1980 y 1981 lo descubrió, aunque esa estela de genialidad duró demasiado poco. Los TELEX eran un grupo que hacía música experimental con organillos, sintetizadores, y demás zarandajas. Se compone de dos gemelos que se mueven como los gatos de los chinos, y un solista con barba, gafas y prominentes entradas, digno de aparecer en cualquier cómic de su país. La canción , llamada Eurovision, es una especie de reflexión cultureta meta eurovisiva, donde la mise en escène resulta tan sencilla, tan de "me he comprao en confeti y la cámara de juguete en los veinte duros de la esquina", que se hace entrañable. La voz del cantante, incapaz de llegar a sus propios tonos, los gestos, la musiquilla chiringuitera de fondo... Todo en TELEX es especial. Por ellos, realmente, fue por lo que me enamoré de este festival de 1980. Y a pesar de que lo he visto varias veces, siguen siendo los ganadores morales del festival, los que hacen que quieras arrancarte los tímpanos para ofrecérselos en sacrificio por su genio incomprendido. Que lo disfruten.


Finalmente, gloso un pelín las puntuaciones. El indiscutible ganador de aquel año fue el joven Johnny Logan, con su canción perfecta y su voz perfecta y todo perfecto -quizá demasiado-. A este siguieron de cerca Alemania con los mimos y la pelirroja, y los británicos bigotónicos vestidos de rosa -que sí, que sé que no todos los del grupo llevan bigote y van de rosa, pero no me digáis que ese no es al que todos recordamos al ver el vídeo-. Por la cola, nuestro amigo el flautista con problemas de gigantismo no fue del gusto de los jueces, quedando el último a pesar de su pulsera de cuero. La verdad es que, salvo en los primeros puestos, considero que las votaciones en general fueron bastante injustas. La pedante de Suiza y la ex porrera holandesa quedaron cuarta y quinta, respectivamente, seguidas del italiano enratonao, el trasunto portugués de Elton John, y los austriacos que no podían sacar de la jaula a la psicópata morena para celebrarlo. Las gemelas árticas quedaron en ¡novena posición! y, justo por detrás, el excorifeo de ABBA con su camiseta y su culo en pantalla.

Del once al diecinueve, todos los que nos molan, y en un orden muy injusto, porque no me digáis que no era para que quedase la última la pobre marroquí, que ese año fue un auténtico soserío. Pues no, pero casi y justo por encima de ella, nuestros TELEX de mis entrepaños. Los franceses que cantaban a la homosexualidad sin saberlo fueron los décimoprimeros, seguidos inmediatamente por Trigo limpio y la canción de nombre intraducible. Después, Grecia con el autostop, Dinamarca, que imagino que tuvo que pagarle una comilona de jabalíes al cantante para pasar el disgusto, Turquía, y Noruega con su canción protesta sobre Laponia. Un caos, una injusticia. Árbitro comprado por lo menos.

Y como sé que esta vez me he retrasado por causas ajenas a mi voluntad, en muy poco ofrezco un especial muy especial y el post que correspondería a esta semana en que nos encontramos. ¡Está todo preparado! ¡No os lo perdáis!

martes, 8 de abril de 2014

Aquí llega Eurovisión. Capítulo 1.

Puede que más de uno se sorprenda al ver que una persona con gustos como los míos entiende algo del festival de Eurovisión. A decir verdad, no siempre ha sido así, y soy bastante tiquis miquis al respecto de considerarme una eurofan. Básicamente porque no lo soy.

Seamos sinceros, yo veo el festival de Eurovisión los años en que creo que va a llamar mi atención, si no, paso en barca. Cuando era pequeña no me perdía ni uno, hasta que mi adolescencia hipermadura y antisocial me hizo alejarme de aquel contubernio de frivolidades, y me dedicaba a escuchar a Serrat y Paco Ibáñez encerrada en mi habitación.

Este proceso, de todas formas, duró poco, y mi generación vivió una resurrección del concepto eurovisivo gracias a Rosa de España y Operación Triunfo. Los tres años en que los triunfitos fueron saliendo de viaje a comerse los mocos y hacer gallos sin fin me descubrió una nueva faceta del festival, alejada de chorradas como "tienes que ir con tu país" o "es que siempre ganan los mismos porque se votan entre ellos", o incluso "si ves cómo votan en Eurovisión sabes cómo son los europeos, cómo funcionan la política y la economía del continente, y descubres que nuestra civilización va directa hacia la hecatombe" (axioma este último muy seguido por tertulianos de Intereconomía).

De esta forma, descubrí que lo que de verdad molaba de Eurovisión era el descojone y la maravilla de  ver las propuestas que envía cada país para que le represente en un festival de la canción que, en mi opinión, tampoco tenía demasiado sentido cuando se creó, por mucho rollo de concordia y no sé qué leches que le quisieran meter. Es una tontuna, pero al menos puede ser una tontuna graciosa. O gloriosa, como veremos más adelante.

Mi objetivo, pues, es el siguiente. Voy a dedicar cada semana un post a antiguos festivales de Eurovisión, y terminaré glosando lo que nos depare el de este año 2014. Algunos años los desgranaré enteros, y en otros casos hablaré de situaciones concretas, que algunas tienen mucha guasa y lo merecen.

Aviso ya que, por lo general, me centraré en los años 70 y 80, básicamente porque son mis preferidos y porque creo que es donde más chicha podemos sacar. No quiero decir con esto que momentos memorables como el último puesto de Conchita Bautista frente a la MARAVILLOSA Poupé de cire, poupé de son de France Gall; o el mega loco de la colina de Alf Polier, o la aplastante victoria de los Lordi, por no hablar de Massiel y Raphael, no merezcan algún que otro comentario. Pero opino igualmente que la chicha magra de todo lo que merece ser comentado en tan pocas semanas se centra en esos veinte años. Como digo, algún comentario habrá para otros personajes de otras épocas, pero seguramente serán los menos, y de forma monográfica.

Para terminar esta larga introducción, sólo quiero decir que si alguien quiere enviarme sugerencias sobre años, actuaciones concretas, o comentar experiencias o lo que sea, sabéis que sois bien recibidos. Gracias.

Y ya sin más preámbulos, vamos allá.

EUROVISIÓN 1974. EL AÑO DEL CAMBIO.

En mi inmenso frikerío setentero, este año no podía pasar inadvertido, y es el que vamos a comentar como primera parte de esta serie.

En 1974, Eurovisión todavía vivía presa de la canción ligera, baste recordar algunas de las actuaciones del año anterior, cuando nuestros Mocedades quedaron segundos frente a la estupenda Tu te reconnâitras de Anne Marie David.


El siguiente año, como Luxemburgo no podía hacer frente a los costes de otro festival, Reino Unido decidió asumir los gastos, y aquel año todos los participantes pusieron rumbo a Brighton.

1974, además, resultó curioso por la importancia que varias canciones tuvieron a posteriori, entre otras, las que hicieron famosos a sus respectivos intérpretes. Salvo Gigliola Cinquetti, que ya había alcanzado la victoria con Non ho l'etá  (No tengo edad), algunos no eran conocidos, pero lo serían y mucho gracias a aquella noche en el escenario del Brighton Dome.

Otro punto fuerte del festival de 1974 fue la primera participación de Grecia ese mismo año, con una canción bastante floja, aunque asquerosamente pegadiza; y que Israel participaba por segundo año consecutivo. Además de esto, ya desde la edición anterior los países que así lo desearan podían cantar sus canciones en un idioma distinto del de su país de origen. Esta costumbre, como veremos, no estuvo tan arraigada como ahora, pero resultó un punto fuerte para muchos de los participantes.

Y claro, como no podía ser menos, hemos de hablar del representante español de aquel año. A la dictadura le quedaba poco, pero aún no había terminado, y los expertos españoles decidieron que Peret, con su rumba catalana llena de ritmo, esencia española y letra fácil y pegadiza era una buena opción para ganar posiciones en Eurovisión. El resultado lo veremos más adelante; pero para comenzar a ver el festival, nada mejor que hacerlo como lo hubieran hecho los españolitos de 1974. Antes del sarao, veamos lo que nos cuenta sobre el asunto este reportaje de Informe Semanal:

https://www.youtube.com/watch?v=FnOV7JchpF0

Como vemos, creo que es un muy buen resumen de lo que nos vamos a encontrar. Vale la pena rememorar momentazos de este documental como "Nosotros los españoles, que entendemos de ciudades bonitas, de villas turísticas" (no como vosotros, ingleses de mierda, con vuestras ciudades sin casi sol, no como el sol de ESPAÑA); expresiones como "beber el líquido oceánico", o los preciosos comentarios dedicados a la pobre Agnetha (No la siguen por su talento, ni sus capacidades artísticas, es sólo que está buena, ¡bah!).

Y por cierto, hagamos un club de fans de "El monegasco Romualdo" YA. Así podremos decirlo a cualquier hora del día, que es lo que toda persona de bien debería hacer.

Comenzamos el festival. La primera en discordia es Carita, una joven finlandesa de 20 años, que canta una baladita al piano, Keep me warm. La verdad es que es eso. Tranquila, melancólica, ligera, en inglés para llegar a un mayor espectro del público. Y en mi opinión poco más. Bueno, y el vestido es pelín feo.

 

En segundo lugar, le toca el turno a Reino Unido, que este año cuenta con la representación de Olivia Newton-Jonh. Hay que decir que a ella no le gustaba mucho esta canción, una oda al amor que mezcla el vals centroeuropeo con sonidos que recuerdan a Like a puppet on a string, cuando lo que a la chica le gustaba era el coutry. La pobre hizo lo que pudo, tan guapa como siempre, con un vestido bastante más apañado que el de su predecesora; pero no consiguió ganar. Cosa que no le vino nada mal, porque cerradas las puertas de Europa, decidió marcharse a Estados Unidos, donde ganó el premio a mejor cantante country del año y vio despegar su carrera gracias a su papel de Sandy en el musical Grease. 



Y atentos, al loro, que llega Peret. Sólo comentaré la actuación de este hombre con un par de cosas. La primera, que utiliza el recurso fácil de "Si al sol no puedes tumbarte ni en paz tomarte una copa, decir que estás en Europa no sirve de ná", que se basa en meter una pulla de lo bonita que es la Spanish way of life, porque cómo mola lo típico de España, que está hecha una mierda, pero qué alegres somos y cuánto sol tenemos. La segunda, glosada por el genial Miguel Ángel Sánchez (único biógrafo de ABBA en español), se resume muy rapidito: En Reino Unido siempre ha estado muy de moda apostar, y Eurovisión era un buen momento para ello. Peret no entraba ni en apuestas. 



Anne-Karinne, la concursante de Noruega, vuelve un poco a lo mismo. Canción ligera, de tema amoroso. Pero vamos, que lo que decía el locutor, atención los caballeros porque llega una rubia guapa con un precioso salto de cama, para ir abriendo boca antes de que llegara el destape.



Bueno, bueno, Grecia. Marinella, su camisa de rayas y su pandereta nos traen una cancioncilla que, como digo, es floja, es decir, sabemos que ganar no va a ganar; además de que está en griego y no lo entendemos, y de que el tema es tipiquísimo (El vino, el mar y mi amado), y de que el arreglo orquestal del final es lamentable; pero da igual. Se os pegará, es inevitable. Así que, no tengáis complejos y cantad conmigo: ¡¡¡Libocrasí, libo talasá kezá torimúuuuuuu!!!




Llegamos a otro tema curioso y muy folklórico. El grupo israelí Kaveret (que en este caso es conocido como Poogy. No lo entiendo muy bien) interpreta una canción llamada Le di mi vida. Esta es aquella canción que nuestro bienamado comentarista de Informe Semanal dijo que era de tema psicodélico. Yo estoy de acuerdo sólo en parte (aunque no me extrañaría dada a pinta de yonkorros que se gastan), porque creo que la forma es una excusa para habar de amor -mmmmmmm- o más bien de su patria. Es decir, unos señores que han decidido hablar sobre su situación política de forma enrevesada. Por si alguien desea aportar algo más sobre este tema, dejo enlace de la letra. 

http://www.diggiloo.net/?1974il

Y la canción... pues eso, muy folklórica y un tanto machacona, con los chicos que se han puesto el traje de los domingos para salir formales en la televisión. Si alguien sigue con la canción griega en la cabeza, no os preocupéis, es casi mejor.



Comentaba la presentadora que el orden de las canciones fue elegido por sorteo, pero vamos, que lo hacen a posta y no les salen más coñazos juntos. Yugoslavia. Grupo de canción que parece protesta, cantando a la generación del 42. Por fin vemos ropa más alegre, más psicodélica, salvo por el sutil detalle de que no pega un carajo con la canción. Es como poner a Raphael vestido con ropa de Tino Casal. Bueno no, porque en ese caso molaría. Seguid con Grecia en la cabeza, porque, aunque lo parezca, tampoco es un número de Jesucristo Superstar.



Ahora sí que sí. El auténtico motivo por el que este festival merece la pena. Por un momento podréis olvidaros de Grecia. Señoras y señores, llega ABBA.

No hay nada mejor que ver el festival completo, aparte de para pasar vergüenza con Peret o cantar en griego inventado, para darse cuenta de que los suecos de oro estaban a años luz de lo que se hacía en otros países. La ropa, los arreglos, el cachondeo, la originalidad, Agnetha y Frida... todo parecía ser perfecto. Aún así, Suecia no partía como una de las favoritas, pues las valoraciones previas se decantaban más por Francia (que al final no participó por el luto oficial decretado tras la muerte de Pompidou), Italia, Reino Unido u Holanda. Sin embargo, nuestros cuatro ídolos arrasaron con todo. No sé si cuando el locutor de Informe Semanal hablaba de decadencia del festival se refería a esto; pero desde luego fue un importante punto de inflexión, sólo comparable a la victoria de Lordi en 2006, y no del todo.

Pues bien, ahora que entendemos el contexto, vamos a gozarlo. ¡Volumen a tope para ABBA!



Una vez pasado el subidón, lamento decir que nos llega un pequeño bajón, aunque no está del todo mal. Luxemburgo, que venía de ganar el año anterior, apuesta un poco por lo mismo. Canción ligera, Bye, bye, I love you, en una extraña mezcla de inglés y francés. El vestido de princesa Disney trasnochada tampoco ayuda mucho. Como se puede ver, es bastante parecida en planteamiento a la canción de Reino Unido, aunque claro, no es Olivia.



Atención ahora que llega EL MONEGASCO ROMUALDO, ex acróbata ataviado con un esmoquin de fantasía y voz empalagosa. Balada muy cuqui, algo pegadiza, pero no tanto. El hombre, desde luego, lo vive, eso sí. Muy sentido el chiquillo, con coros angélicos de fondo y mucho viento metal. El ídolo de las madres de cada casa española de 1974.



Bélgica aún estaba demasiado ensimismada en canciones protesta para darse cuenta del potencial de horterismo y cutrez que era capaz de desarrollar. En este caso, el cantante Jacques Hustin interpreta un tema con cierto poso político, un canto a la libertad y esas cosas, con permiso del pedazo de GAFUDO del director de orquesta, que es para soñarlo. Un rollete más. Por favor, ojo a los morritos.



Holanda iba con una de las canciones favoritas de aquel año, I see a star, que fue uno de los intentos por hacer algo más original dentro del festival de Eurovisión. Ropa muy hippie, pinta de fumados, arreglos con guitarra eléctrica... y un organillo con una muñeca guarra zarrapastrosa. ¿En serio alguien creía que éstos iban a ganar algo? Bueno, el aire de la canción es un poco country, y la voz de Mouth es muy curiosa, interesante dentro del repertorio de languidez y voces atipladas que llevamos, en general.



Por Irlanda va Tanya Reynolds (que en realidad se llama Philomena) y que es la que el locutor de Informe Semanal llamaba "simpática" con respecto a las buenorras. Curiosamente, es la que lleva el vestido más sexy, y canta con mucha simpatía. El momento de Irlanda aún no había llegado -recordemos que los años 90 son prácticamente suyos- pero a mí esta canción me parece amena, agradable. Más de lo que llevamos visto, pero con gracia, la canción es curiosilla, pegadiza. Correcta.



Los alemanes Cindy and Bert, con su melodía dulzona y romántica -en palabras de Uribarri-, cantan al verano y todas las cosas bonitas que tiene porque así los alemanes salen a la calle y esas cosas. Cindy con un traje que provoca epilepsia, y Bert disfrazado de Leprechaun, interpretan un coñazo muy muy grande, cantado en alemán. Eso sí. Cindy es pelirroja, y sabemos que eso es un plus. Respect.

 

Quedan tres canciones, y ésta es otro rollo repollo. Piera Martell dice que se parece a Barbra Streisand, lo que nos da una idea de su petardez y coñacismo ilustrado. Canta en alemán, con una especie de vestido-poncho camisero con lentejuelas. La canción no vale nada, pero la mujer la defiende con orgullo. Sin embargo, las dos últimas sí que tienen chicha.



Paulo de Carvalho, el representante portugués, iba con una canción muy sentida y llena de emoción, E depois de adeus (Y después del adiós). Puede parecer a simple vista una canción ligera más, aunque con cierto encanto. La anécdota está en que este mismo tema fue utilizado como uno de los himnos de la Revolución de los claveles. Espero que sin los churriguerescos arreglos orquestales.



El festival de Eurovisión de 1974 se cerró con broche de oro. Gigliola Cinquetti interpretó otra canción que se postulaba como favorita para ganar, con un nombre sencillo y elegante, como la intérprete y el tema mismo: Sí. Desde luego, no es la típica canción ligera. El ritmo es distinto, tiene mucha emoción, y la voz grave de Cinquetti nos saca de los gorgoritos del resto de participantes. Desde luego, era una digna oponente, de esas que te dejan con el corazón en un puño. Un único problema. La pobre Gigliola parece que se ha quedado pegada al suelo, o que el escenario es su peana, como si fuera una muñeca de colección. Pero la canción es preciosa.



Y estas fueron las actuaciones del decimonoveno festival de la canción de Eurovisión. ¿Las votaciones? Bueno, he de decir que tampoco estuvieron tan mal. Como todos sabemos, ABBA quedó en primer lugar. Inmediatamente después, Italia, seguida de los holandeses de la muñeca zarrapastrosa y Olivia, que quedó cuarta. Por la cola, se produjo un cuádruple empate a tres puntos entre la noruega guapetona, los duendecillos alemanes, la Barbra Streisand suiza y el revolucionario Carvalho, amén de que la pobre finlandesa del principio quedó penúltima.

¿Y Peret? Pues, a decir verdad, pasó sin pena ni gloria, un décimo puesto y ni una sola ganancia en apuestas. Interesantes los puestos de Israel, en séptima posición, y de Grecia, justo por debajo de Peret, aunque todos canturreemos su canción por las esquinas. Aunque el que se lleva la palma es EL MONEGASCO ROMUALDO (vencedor moral del festival), con la sexta posición, justo por debajo de la sosa de Luxemburgo. Hay momentos en que la vida no es justa... 

En este post he intentado expresar lo que 1974 supuso para la historia del festival. A pesar de que la canción ligera seguía siendo -y lo será por bastante tiempo- predominante, comenzaban a verse atisbos de cambio en algunas actuaciones. ABBA, como ya es bien sabido, marcó un antes y un después en muchos aspectos, a pesar de las múltiples críticas y acusaciones de plagio que recibieron en su país, abriéndose a Europa como primer paso para conquistar el resto del mundo. 

Y así la cosas, este ha sido el primer post eurovisivo de la serie. La semana que viene viajaremos unos cuantos años por delante, en uno de mis festivales favoritos de todos los tiempos, lleno de frikis y de canciones imposibles. ¡Hasta la semana que viene! 


miércoles, 12 de marzo de 2014

¿Pero ehto qué poya eh? Planilandia

He aquí un post que bien podría ser una mezcla entre "Libros perturbadores" y "¿Pero ehto qué poya eh?". Finalmente, me he decantado por la segunda opción, porque la cosa perturba, pero realmente la cara que se te queda cuando descubres todo lo que hay en este libro -y en otras cosas que vienen después- es la de exclamar "What the fuking fuuuuuuuuuck?", o algo así.

Pongámonos en antecedentes. Desde hace algo más de un mes, un amigo muy majo e inteligente -no conecten el modo ironía, que es en serio- me recomendaba fervientemente este librito de 1884. Yo no terminaba de entender su insistencia pero, llevada de la confianza en sus gustos, me decidí a leerlo. De hecho, la cosa no me duró más de unas horas, porque la novela es muy cortita y se lee en un suspiro, así que he tenido el suficiente tiempo para leerlo, y buscar algunos datos sobre él y el perturbado de su autor.


 La cosa está escrita por un señor llamado Edwin Abbott Abbott -esto también es en serio-, que era un docto hombre de bien, que además de ser un cerebro privilegiado par el estudio, se dedicó a ser Hulsean Lecturer (o sea, un cargo teológico de la iglesia anglicana) y a producir tochos y otras sesudeces.

Pero debe ser que un día se le fue la olla, y don Abbott decidió tirar por lo didáctico, y se le ocurrió gestar Planilandia (Flatland), una novelita que narra las aventuras del señor A. Square, un simpático cuadrado -ahora sí, conecten el modo ironía, por favor- que vive en el mundo de Planilandia. ¿Que qué es Planilandia? Pues un mundo plano -OBVIEDAD- en el que sólo existen dos dimensiones, y donde todos sus habitantes son figuras geométricas.

Durante la primera parte del libro, Square nos cuenta cómo funciona la sociedad planilandesa, que es un trasunto de la rígida e hipócrita sociedad victoriana. El rango social que ocupa cada habitante de Planilandia viene definido por el número de ángulos que posee, así como la perfección o anchura de los mismos. Los grados más bajos son los triángulos isósceles y las mujeres, que simplemente son líneas, y no tienen ángulos. A partir de ahí, la escala social asciende hasta los sacerdotes, que tienen tantos ángulos que casi pueden ser círculos, y aunque no lo sean en modo estricto, son llamados así por los demás planilandeses. Estos círculos son los que se encargan de legislar y regir la sociedad a todos los niveles, llevando a su más alta expresión la máxima de que lo único que cuenta es la perfección matemática para triunfar en la vida. (En este momento me ha venido a la mente el axioma de "teología y geometría" de Ignatius Reilly. Fin de la digresión).

Entre las costumbres de los planilandeses se encuentras auténticas joyas del coñazo y el tomar al público por gilipollas, además de un enrevesamiento que no terminas de entender muy bien por qué está ahí, dado lo simplón de la metáfora; es decir, si ya sabemos todos que estás hablando de tu sociedad y tu mundo, porque se ve a la legua, ¿para qué complicarse tanto con el sistema de los habitantes de las dos dimensiones? Pero bueno, Abbott era así, y hay que quererle como es -o no-.

De todas formas, he de reconocer que los capítulos dedicados a las mujeres son de lo más divertido. Al ser líneas, su parte posterior es un aguijón, con el que pueden matar o ensartar a cualquiera, motivo por el cual deben ir por todas partes dando gritos, para que los demás interpreten dónde está su cara y dónde su culo, hablando en plata. Además, Square advierte de que son peligrosas, pues sus cambios de humor las hacen entrar en una especie de locura transitoria que puede provocar la muerte de familias enteras. O sea, el típico "¿Estás con la regla, no?" elevado al máximo exponente - al cuadrado en el caso de los planilandeses-. Así pues, las mujeres están locas, son peligrosas, y además tontas, porque la inteligencia en Planilandia se determina por el grado de los ángulos de cada individuo. Al no tener ninguno, sumen dos y dos... Para más inri, y en lo que es una clara muestra de machismo paternalista de la mentalidad decimonónica, se supone que las mujeres sólo se rigen por las emociones, nada meramente intelectual puede entrar en sus molleritas. Con ellas sólo se puede hablar de sentimientos y demás cosas absurdas que no cuadran con la geometría y la instrucción masculinas.

Bien es cierto que Abbott está retratando la sociedad de su tiempo y, desde luego, doy fe de que, en lo que al bello sexo se refiere, el colega lo clava. Yo me río mucho leyendo estas cosas, porque gracias a Dios ahora dan para reírse. Advierto de que estos capítulos no llegan a los impagables pasajes de Drácula en los que a Mina la tratan directamente como a una gilipollas; pero te ríes igual.

Bueno, pasada la primera parte y su multitud de explicaciones, la segunda nos lleva directamente a la trama. Al parecer, Square se va a dormir un día y tiene un sueño raro, en el que descubre un mundo -OTRO- llamado Línealandia, donde sus habitantes no son capaces de salir de una línea; es decir, que sólo conciben una única dimensión. Tras un intenso diálogo con el rey del lugar, que rivaliza con la profundidad de Super Coco en sus explicaciones de "derecha" e "izquierda" -el diálogo va de esos mismos conceptos, y yo quiero seccionarme la aorta-, Square se despierta y sigue su rutina.

Hasta que un día se topa con lo desconocido, lo que nadie en Planilandia podría pensar jamás. La repanocha del planilandismo, vaya: Una esfera enorme viene a verle a su casa para convertirlo en apóstol de la doctrina de la tercera dimensión.

Y ahora activad todos los modos que queráis porque esto está más allá de toda ayuda, y yo empiezo a probar el sabor del gas del horno de mi casa.

Total, que el pobre Square se va de viaje a lo que él denomina Espaciolandia, donde todo es en tres dimensiones, y pregunta si no existiría la posibilidad de que hubiera una cuarta dimensión, de la que los espaciolandeses aún no se hubieran percatado, tal y como le ocurría al rey de Linealandia y a los planilandeses en sus respectivos mundos. Como al parecer el cuadradito se está pasando de rosca, el maestro-esfera termina por cabrearse y, después de enseñarle el mundo de Puntolandia -YA VAN CUATRO MUNDOS, POR DIOS- lo devuelve a Planilandia. Allí, trata de comenzar su apostolado tridimiensional con su esposa, y se da cuenta de que, por mucho que le haya explicado que las cosas son muy distintas a como él las ve, debe ser que la tesis de que las mujeres son tontas es igual en todas las dimensiones; y decide que no es la mejor opción.


Cada mundito consta de gráficos como estos para entenderlo

Acto seguido, intenta inculcar sus nuevas ideas en su nieto, aunque no es capaz de explicarlas -atención- porque se le está olvidando todo lo que le contaron. En serio, ¿no había otro polígono para hacer de apóstol? Quizá la esfera se lo debería plantear, porque cuatro ángulos no parecen suficientes. Total, que casualmente ha salido un edicto que dice que cualquiera que propague ideas subversivas acabará en la cárcel o el manicomio. Como ya habréis supuesto, Square termina siendo apresado.

Al final, el pobre cuadrado termina en la cárcel, contándole sus cuitas a su hermano, que no se cree una palabra y se mantiene escéptico. Sería el equivalente a un debate de Cuarto Milenio con Enrique de Vicente y José Manuel Nieves, para que nos entendamos. 

En líneas generales el libro resulta un tanto aburrido. Además, la interpretación de los hechos y la metáfora sobre lo obtusos que podemos llegar a ser sin plantearnos si hay nada más allá de la realidad empírica me parece un tanto ingenua, por decirlo suavemente. Quizá el único valor que puedo otorgarle a semejante cosa es el de ser una historia de ciencia-ficción del siglo XIX, que al parecer goza de cierta fama en círculos de gente dedicada a las ciencias. Más allá de eso, creo que el pobre Abbott se comió demasiado el tarro para crear un trasunto de sociedad victoriana, cuando realmente tampoco era necesario. Si bien es cierto que esta obra contrasta con la de los llamados utópicos, que desarrollaban sociedades futuras ideales a partir del socialismo, tampoco veo la capacidad visionaria de un Verne, o un Orwell o un Huxley de unos cuantos años después. Aún así, repito, las partes machistas son enormes.

Lo bueno -o lo malo- de todo es que esta historia no termina aquí, ni mucho menos. Resulta que, indagando un poquito sobre Planilandia me enconrte con que en 2007 algún loco psicótico decidió que la idea era buena para hacer una película. Y no solo eso, sino que la hizo.

Aparte de un par de diferencias, la peli tiene un acierto, que no es otro que el de tomarse a cachondeo varias de las cosas que he ido comentando aquí, acompañando varias escenas con piezas musicales de salsa y mambo. Como está en internet, os dejo el enlace por si aún no habéis hecho suficientes tiradas de cordura, y ya me contáis qué os parece. ¡Que flipéis bien!

martes, 11 de marzo de 2014

Libros perturbadores: Guerra Mundial Z

Anda que no ha costado volver a escribir cosas por aquí. Y yo, mientras la vida pasaba, celebraba el primer aniversario de este pequeño espacio de recreo en medio de escrituras y lecturas. Correcciones, preparación de apuntes, confección de exámenes...

Breve imagen que resume mi estado laboral actual


Pero no hablemos más de mí, y centrémonos un poco en vosotros, amigos que habéis ido descubriendo mis perturbaciones mentales desde hace ya más de un año. De verdad que os lo agradezco, así como vuestros comentarios, que me han hecho sentir que mi pequeño sitio se revitalizaba y no era una flor exótica dentro de este vasto páramo que es Internet. Gracias a todos, besos, abrazos y amor desde mi cubil de escritura y mi vida de peonza.

Y dicho esto, vamos a pasar del momento emotivo, que esto tampoco es la tele y no hace falta buscar excusas para tocaros la patata como si de una peli de Spielberg se tratara. Este blog no seria lo que es si no se hablara de libros de vez en cuando. Hace ya tiempo que hube de interrumpir mi lectura de Guerra Mundial Z para dedicarme a otros menesteres. Ahora que lo he retomado y lo he terminado, puedo hablar tranquilamente sobre él, y poner un poco en antecedentes a los neófitos, que quizá hayan visto la película, pero tienen dudas con respecto al libro. 

En este sentido, debo decir que cometí un pecadillo de esos que tan poco me gustan; es decir, vi la película antes de leerme el libro, cosa que solo he hecho un par de veces y porque no quedaba más remedio. La buena noticia, sin embargo, es que ello no supuso ningún problema.

Guerra Mundial Z está escrito por Max Brooks, hijo del genio Mel Brooks, que, si alguien recuerda el antiguo post sobre musicales, había logrado descojonarme con su impagable Springtime for Hitler -amén de que aún me río sola con chorradas como "El Fampirrrro está entrrrrre nosotrrrros" o "Pónganle un enema, y los que sean menester"-. Esto podría indicar que el libro es más bien humorístico, y quien piense de esta forma no anda del todo descaminado, aunque Guerra Mundial Z es algo más. Es la mezcla grotesca entre el horror, la razón y el cachondeo, dentro de lo que subyace un amargo poso, una reflexión sobre el comportamiento humano en situaciones de crisis y sobre cómo dichas situaciones pueden sacar lo mejor y lo peor de cada uno de nosotros.

Y he aquí la cuestión. El narrador de esta historia ha desarrollado múltiples informes en los que debe explicar cómo se desarrolló la Guerra Zombi en todo el mundo. Una vez terminada su tarea, se siente en la necesidad de exponer los testimonios orales que fueron descartados en el informe oficial. Cada uno de estos testimonios se engloba en diferentes partes, que van dando coherencia a la trama general y repasan, en orden cronológico, los sucesos de la contienda.

Desde los testimonios del médico chino que al parecer descubrió al paciente cero, hasta las estrategias bélicas y psicológicas que se aplicaron para acabar con la plaga, todas las pequeñas historias -algunas cotidianas, surrealistas otras- llevan a una perspectiva general, no exenta de ironía y retranca. Humor con mal aliento y tobillos de acero.

Dentro de estas historias, algunas son un claro ejemplo de superación humana, aunque otras deberían parecernos indignantes, si no fuera por el modo en que el lector las percibe, desde esa malla protectora del sentido del humor. Un tipo sin escrúpulos que se hace rico vendiendo una falsa vacuna, un senador que argumenta que negar la verdad a la población era lo mejor para defender a su país, famosos frívolos encerrados en un búnker con cámaras, al más puro estilo Gran Hermano, un teórico surafricano que da con clave para contener a los muertos vivientes basándose en teorías de segregación racista de la época del Apartheid , y miles de ejemplos más de las diversas miserias humanas, contrapuestas a las gestas de los europeos que se encerraron en castillos medievales, la piloto que hubo de sobrevivir sola tras un accidente en medio de un paraje infestado, los perros adiestrados, el director de cine que levantó la moral humana con sus películas, o la historia de los dos japoneses que, definitivamente, fue la que me robó el corazón.

La estructura del libro es siempre la misma, cosa que en este caso no hace que la lectura se haga pesada y aburrida. Al contrario, rápidamente se coge el tranquillo y esperamos las declaraciones de cada uno de los protagonistas de la historia. Normalmente, Brooks comienza cada entrevista con una breve descripción del lugar en que se desarrolla, introduciendo al personaje que va a tomar la palabra, físicamente, y aclarando su situación tras la guerra. A partir de ese momento, el personaje comienza a relatar su historia, a veces interrumpida por las preguntas del narrador, que resultan muy útiles para dar un contrapunto objetivo a la visión subjetiva dada por cada protagonista, lo cual hace que de vez en cuando, la narración termine con un mazazo de realidad de esos que te espabilan y hacen estar alerta par seguir digiriendo el libro.

Al final, una despedida a modo de recopilatorio de los mejores testimonios, nos deja con el corazón en un puño, con ganas de más, y a la vez, saciados. Todo ha quedado claro, aunque no es fácil de explicar. De hecho, qué guerra se puede resumir en un par de párrafos. Ni siquiera una guerra ficticia.

Y es que quizá ese es el gran valor de la obra de Brooks. A través de un gran conflicto ficticio, nos traslada a cada uno de los pequeños conflictos que conforman la supervivencia humana y, por medio de un supuesto, radiografía las conductas de cada arquetipo de un ciudadano de casi todos los países del mundo, sin caer en el mero tópico, yendo más allá del estereotipo cultural, para llegar a las emociones y sensaciones propias de un ser humano, ni más ni menos.

Es decir, que el libro es una genialidad y lo recomiendo encarecidamente a quienes aún no hayan tenido el placer de echarle el vistazo que se merece. En serio, este libro no es una pérdida de tiempo en absoluto.

Y para aquellos que se estén preguntando por la película, decir que la historia de Brad Pitt y su melenita chachi guay no alteran ni espoilean la trama. De hecho, esa historia bien podría haber formado parte del libro. Puede que algunos puntos sean coincidentes con diversas narraciones del libro, pero en modo alguno suponen un problema.

¿Se ha metido con mi melena?

 Así que, nada de pereza, pillad Guerra Mundial Z en cualquier sitio que tengáis a mano, y a por él. La experiencia merece la pena. 

lunes, 13 de enero de 2014

¿Pero ehto qué poya eh? Calles salvajes

Tanto tiempo inmersa en mil cosas la deja a una fuera de combate. Estas Navidades me han servido para comprobar que estoy más cómoda en medio de la rutina, pudiendo controlar mi tiempo para hacer cosas, y sin miles de compromisos que atender a todas horas.

Uno de mis objetivos para este tiempo era ver alguna buena/mala película, para así poder comentarla y echarme unas risas. Además, estuve mirando la posibilidad de colgar un podcast o un vídeo para hacer alguna cosa divertida. Al final, todo ha ido quedando en agua de borrajas, y no he podido hacer ni la mitad de lo que quería, al menos, en el ámbito profesional.

Dicho esto, tuvo que ser recién devuelta al trabajo cuando tuviera un rato de asueto en una estupenda madrugada, para toparme con un películo lamentable, de esos que me pillan por sorpresa y tanto me gustan. Hablemos de ello.

En 1984, Metro Goldwyn Mayer estrenó un infame film que bien podría haber venido directamente de las mazmorras de la Cannon. Se trata de Calles Salvajes.




Dirige y escribe esta cosa Danny Steinmann, conocido -o mejor no- por guionizar y realizar la quinta entrega de Viernes 13. El punto fuerte, sin embargo, es la aparición de Linda Blair como protagonista. Sí, efectivamente, ESA Linda Blair, vulgarmente conocida como "la niña de El exorcista", sólo que con dos bazas bastante mejores: macarrismo y...

Las tetazas que le salieron

La historia gira en torno a varios ejes. Por un lado, Brenda (Linda Blair), chica lista y macarra de instituto, que fuma cigarros sin parar y lleva un pelo cardado que es la bomba. Bueno, también interesa saber que tiene una hermana sordomuda, muy inocente, pura y virginal; pero el pelo está ahí.

Brenda tiene su grupo de amigas, como no podía ser menos, tan macarras y chonescas como ella. Una de ellas, Francine (Lisa Freeman), está a punto de casarse con su novio que la ha dejado embarazada.


El otro eje es el grupo de macarras definitivo ochentero, una pandilla de cuatro delincuentes llamados los Scars. Al comienzo de la peli, se nos presenta a este grupito extorsionando a un chaval que les da dinero, y a su líder, Jake (Robert Dryer), tirándole los trastos a Brenda, que pasa de él y le vacila sin contemplaciones. También desde el principio, se nos presenta una característica que tendrá mucho peso a lo largo del film.


Tetas, again

Porque todo buen director de cine de mierda que se precie sabe que, aunque la trama no valga ni dos duros, algunos pasarán un buen rato viendo -y haciendo- el engendro de sus sueños.

Volviendo a la trama, resulta que Brenda y su grupo roban el coche de los Scars y se van de juerga, llenándoselo luego de basura hasta los topes. Jake ha tocado fondo, no puede soportar semejante humillación, y decide que ya es hora de hacerle pagar a Brenda y a sus tetazas todas sus afrentas.

Así pues, de pronto, nos vamos al día siguiente, al gimnasio del instituto. Los macarras han decidido coger por banda a la pobre e inocente hermana de la protagonista -vestida con una faldita rosa, más claro imposible- y violarla. Pero antes, el director tiene que introducir alguna complicación, algo que le dé un poco de vidilla a la trama, ese algo es una soberana estupidez. Un capullo de la clase de Brenda le tira los tejos a diestro y siniestro, llegando a los límites aceptables de babosidad y cansinismo. Lo malo, es que el chaval tiene una novia rubia, pija y -cómo no- tetona, que siempre le disculpa y cree que es Brenda la que le provoca. El follón está servido.

Mi novio's mío m'entiendessss???

La hermanita de Brenda va a esperarla para ir a casa después de la clase de aerobic -un alarde de prendas ochenteras que provocan epilepsia a nivel +50 y repugnancia a nivel +100-, pero Brenda se retrasa. ¿Por qué razón? Para empezar, porque el director piensa que es una buena idea poner un par de planos de chicas en tetas en el vestuario. Alarga el metraje, y otras cosas de provecho.

El tormento...

...y el éxtasis

Además, Francine está muy ocupada avisando a todas sus amigas de que no deben ir a la boda colocadas, que queda muy feo, y eso da pie una trascendental conversación que no le importa absolutamente a nadie. Para colmo de males, la pija arremete contra Brenda, diciéndole cosas del tipo "no vuelvas a provocar a mi hombre", y la prota, vacilando. Al final, se monta una pelea EN LAS DUCHAS que moja las camisas de las chicas -de las que la llevan, quiero decir- y ambas enemigas son conducidas al despacho del director; otro que no pierde la ocasión de recordarle a Brenda que "eres lista, y guapa, y tienes un buen cuerpo", y que si se porta mal de nuevo la va a expulsar. Una bronca creíble. Y un precioso homenaje a Porky's.

¿Y qué harías tú en una peli de tetas, hijo?
Con todos estos incidentes, no es de extrañar que los Scars tengan tiempo de violar en grupo y por riguroso orden a la desvalida hermana de la protagonista, en una escena que, sólo de refilón, recuerda un poco a La última casa a la izquierda. Como la pobre no puede gritar, se queda en el suelo, destrozada, hasta que las choni-amigas de Brenda la encuentran y la llevan al hospital.

Ya en la habitación, la madre de Brenda se aferra a la mano de su hija, cubierta de vendas y de cables. La escena daría para drama si no fuera porque esa madre sufridora, de pronto, suelta: "No puedo soportar esto. Me voy a trabajar". Y se va. Pasamos a otra cosa, y punto.


En la discoteca del barrio, Brenda se desahoga con sus amigos, y jura venganza contra los que le han hecho eso a su hermana, muy Fuente Ovejuna todo. Los Scars llegan a la disco y se ponen a liarla, con tan mala pata que se meten con Francine. En medio de la tangana que se organiza, la chica consigue hacerse con una navaja, y le corta la cara a Jake. Otra afrenta. A estas alturas el espectador sabe que cualquier cosita pone a este tipo de los nervios. ¿Qué nueva idea se le ocurrirá?

Pues no lo sabemos, porque el prodigioso montaje de la película nos deja con la intriga, y nos traslada al día siguiente en clase. Allí, uno de los esbirros de Jake, Vince (Jonhy Venocur), va a la misma clase que Brenda y sus amigas, y tiene la misión de chivarse de quién fue la que le cortó el jeto. En medio de todo esto, el cansino baboso vuelve a insinuarse a Brenda, lo que provoca que la protagonista y la novia pija vuelvan a enzarzarse, amén de otra escena de humor de instituto a lo Porky's. Las chica se pegan, Brenda le arranca la camiseta a la pija, y esta se queda de nuevo en... bah, si ya lo sabéis. Y sale corriendo, chocándose con un profesor gafudo que ya tiene para un mes y pico de pajas.

Finalmente, vemos a Francine probándose su vestido de novia. Cuando sale de la tienda, los Scars la persiguen en su coche. En este momento hay una escena donde Francine llega hasta un puente, huyendo. Lo curioso es que uno de los planos está grabado con una especie de ojo de pez, que no termino de saber muy bien qué pinta en un plano donde una chica pasa corriendo y un coche la persigue. Tampoco importa mucho, teniendo en cuenta el ritmo de peli que llevamos.

Los macarras acorralan a Francine, que no duda en escupir a Jake a la cara. Otra afrenta. Comienzo a pensar que Jake es en realidad un personaje calderoniano, que vive mucho eso de que le toquen el honor. Total, que le da un ataque de ira y tira a Francine por el puente, con el vestido de novia detrás.

Pero héte aquí que Vince, de pronto, se arrepiente de todo. Y huye desconsolado al hospital, para pedirle perdón a la hermana de Brenda. Nuestra protagonista está empezando a cansarse de todo, y comienza a poner en práctica su venganza.

Sí , amigos, porque se suponía que todo esto trataba de una venganza, que no sale hasta el final de la peli, lo cual hace que te desesperes más de una y dos veces. Menos mal que la transformación de Linda Blair merece la pena, después de sacarla reflexionando en la bañera, en tetas, por supuesto.


Cosas que necesitas para llevar a cabo una venganza: pelo cardado, botines negros de tacón, un peto ceñido con cremallera, un cinturón, una navaja, un plano directo a tus tetas y este temazo:


Con todo este arsenal, Brenda escapa de casa y se dirige a ver a Vince. El pobre le cuenta todo el plan de los Scars. Ahora, Brenda está preparada.


Mientras Jake se va a atropellar a Vince con su coche para que no hable, sus dos compañeros mindundis se quedan en un almacén. El plan de Brenda es sencillo. Les vacila, se mete dentro del almacén, y ellos solos irán cayendo, mientras no paran de hablar. ¡Qué mierda de tensión es esa! ¡Cómo pretendes que no te encuentren, si lo que quieres es acorralarla! Como son esbirros, se lo perdonamos. Por eso, y porque Linda Blair saca el arma definitiva.

Y esta vez, no son las tetas.

¿No?

No. Es una ballesta.

Con eso, la navaja y un par de cepos, los malos caen en cuestión de segundos a sus manos. Ahora, le llega el turno al jefe de la pandilla.

Desde luego, la mente estúpida que planeó esta escena final se basa en una premisa universal del cine de acción, el malo final debe morir unas cuantas veces, hasta que llega la definitiva y más espectacular de todas. Creo que recordando Con Air (convictos en el aire) todo el mundo entiende de qué estoy hablando. Pues bien, nada más llegar al almacén, Jake recibe dos flechazos en las piernas, y se saca las flechas. Pero no muere desangrado, sería demasiado fácil, sino que persigue a Brenda hasta su coche. Ésta le prepara una trampa y lo deja colgado de una valla, diciéndole que le va rajar como a un cerdo. Pero -¡Oh, sorpresa!- Jake le arrea con una puerta metálica y se desase de la cuerda. Brenda se queda hecha polvo en el suelo. Jake, a pesar de tener las dos piernas desangrándose, gana terreno y casi mata a Brenda, que le clava su navaja en los genitales.

Pero Jake no grita, no aúlla, ni siquiera gime. Simplemente, pone cara de estreñido y se saca la navaja. La tensión puede cortarse con un cuchillo, que no sea la navaja, porque no parece que haga mucho efecto. Brenda parece tener ahora la sartén por el mango... a no ser que le dé un repentino ataque de histeria y que huya gritando como una loca, cosa que hace, aunque el espectador se tire de los pelos y decida que no entiende un puto carajo de esta historia. Asustada, Brenda se introduce en una droguería para esconderse. Jake la persigue ¿confiado? ¿Desafiante? ¿Lleno de ira y rabia por el dolor genital? Pues tampoco tanto, porque los gritos desesperados de "¿Dónde estás?" en medio de la droguería hacen que no sepamos realmente quién lleva la voz cantante en esta pelea.

Fuerte...

Intenso...

Por fin, Jake pilla a Brenda por detrás, y ésta le tira un bote de pintura verde encima. Forcejean. Brenda saca su mechero, que tiene la piedra un poco gastada par dar tensión, y Jake, cubierto de pintura inflamable, arde como una tea saltando por el escaparate, otra norma que todo guionista de peli de acción debe conocer. Da igual que no tenga sentido, pero el tío ardiendo tiene que romper un cristal. Sirenas, llega la policía. Corte porque sí.

La escena final de la película muestra un apacible cementerio en un claro día de primavera. Brenda, su hermana recuperada, y sus dos amigas, van a la tumba de Francine, a llevarle sus ramilletes de damas de honor. Todas van vestidas igual que siempre, por lo que no parece que haya pasado mucho tiempo; excepto Brenda, que de pronto parece la madre de su hermana. "Hicimos lo que había que hacer" dice Linda Blair, "No, Brenda. Tú lo hiciste", le contesta una amiga. Musicote, y fin.

Desde luego, la peli no tiene desperdicio. Hay escenas y gestos memorables, como cuando Brenda va a ver a Vince, ya vestida para matar, y llama a la puerta. El padre de Vince abre y dice que su hijo no recibe visitas entre semana. Brenda se excusa diciendo que tienen que entregar un trabajo al día siguiente, poniendo cara de buena. Con el top ceñido y todo, pero no importa, la excusa cuela igual.

Destaco los caretos intensos de Jake par dejar claro que es malo, violento y calderoniano. Un primer plano de tu cara haciendo "AAAARRRRGGGHHH" denota un control supremo de las artes interpretativas. Por último, las escenas de líos de instituto, el profesor gafotas y las pintadas que unos alumnos ponen a un póster, son sublimes, y el uso recurrente de las tetas casi de principio a fin, le dan vidilla a una historia épica, con un fondo de heavy metal, en un mundo donde está permitido llevar gafas de sol de noche.

¡Por cierto! el filme completo en español está en youtube. Os lo dejo. ¡Que disfrutéis!




domingo, 1 de diciembre de 2013

Días extraños

Llevo unos cuantos días en los que caigo en la cuenta de que la vida es, básicamente, contradictoria. Sé que esto parece una soberana perogrullada a cualquiera que lo lea; sin embargo, muy pocas veces caemos en la cuenta de realidades como ésta de forma directa y real.

Otra realidad que mucha gente tiene miedo de descubrir es la muerte. Como tal, la muerte es una de las partes clave de la vida. El fin, el colofón, uno de los hechos que ayudan a definir la vida en su totalidad. Hoy también he caído en la cuenta de la existencia de la muerte.

Yo conozco a dos chicos. Me disculparéis si no escribo sus nombres aquí. Ambos son hermanos. El mayor, de dieciocho años, está a punto de ir a la universidad, escribe bastante bien, y se desahoga jugando a mezclar conceptos de forma sorprendente. Además, le encanta la filosofía. La pequeña, de doce, es una de mis alumnas. Buena, simpática, con muchas amigas y siempre de buen humor. Sus ojos son claros y su cara es redonda, con pecas en las mejillas y unos labios gruesos que casi siempre sonríen. 

Su tío es compañero de trabajo, y su madre lleva años padeciendo una terrible enfermedad. A partir de hoy, su sufrimiento ha terminado. Hoy, esos dos chicos buenos y simpáticos se han quedado sin madre. Y en estos momentos sólo quiero decirles, a mi compañero, y por supuesto a ellos, lo mucho que lo siento. Lo mucho que desearía compartir parte del dolor que deben estar viviendo. Y las muchas buenas cosas que su madre podrá seguir haciendo por ellos, aunque ya no esté aquí, y no puedan verla.

Sin embargo, no soy nadie. En realidad, no soy nadie para decirles eso. Para consolarles más que sus seres más queridos. Por supuesto que puedo ayudar y pienso hacerlo, pero en realidad, no soy nadie para trasvasar determinadas líneas que no llegan hasta el fondo de sus corazones. De hecho, eso será sólo labor suya. Pasar el duelo, que se dice.

Espero ser testigo de lo que ahora sea de ellos. Y también de que, sea lo que sea, devenga en algo bueno, positivo y feliz. Pero la cercanía y el deseo de ayudar se unen a una especie de rara impotencia, de saber que no todo está en tu mano, aunque veas a una persona todos los días. No todo está en mi mano, y, en el fondo, desearía que lo estuviera. Por la parte que me toca, desde luego, haré todo lo que pueda.

Todo esto, viene en medio de unas jornadas felices en el terreno laboral. He firmado el contrato de mi libro, se ha presentado una revista en la que aparece un poema mío; y mañana me hacen una sesión de fotos. Dentro de poco nacerá un libro, un libro que llevo años preparando, moviendo, tirando en el fondo de un cajón; y que ahora está en vías de presentarse delante de la gente, de todo aquel que quiera verlo. Un libro nace, y una persona ha muerto. Obviamente, las diferencias son más que claras, y en el fondo me siento un poco culpable por sentirme bien y satisfecha de mí misma en ese aspecto.

Y todo esto venía al hilo de los días. Esos días extraños en que la velocidad de la vida se ralentiza, se interrumpe, y nos obliga a ver hasta los más pequeños detalles de la realidad, vestida siempre tan pobremente, que nos es casi imposible descubrir las pequeñas joyas que, de vez en cuando, adornan sus solapas. 

En el fondo, este texto intenta ser un desahogo, por ese pésame que he querido dar hoy, por ese abrazo que debiera haber sido más largo. Por ese silencio de verdad inmutable que me agrede en mitad de la noche. Por todo eso. Mi más sentido pésame. Lo siento. Rezo por vuestra madre, por tu hermana, y por todos vosotros.