domingo, 20 de octubre de 2013

Tenía una buena excusa

¿Alguna vez habéis oído la historia de la viejecita que se murió de hambre porque tenía tanta comida que no sabía qué comer? Bueno, pues algo parecido me ha pasado a mí durante más de un mes.

La verdad es que reconozco que me sienta fatal dejar esto durante tanto tiempo, pero es que tengo tantos temas en el tintero que, de no sacarlos, iban a acabar explosionando. El caso es que podría contar una decena de anécdotas e historietas que ya me han ido ocurriendo durante este comienzo de curso para dar a entender lo liada que estoy, pero servirían de poco. Cuando puedo escribir algo porque realmente es el momento de hacerlo, me da igual ocho que ochenta, y lo escribo sin preocuparme de la cantidad de trabajo que tenga que hacer o de la hora a la que me vaya a levantar al día siguiente. Pero no os preocupéis, el motivo que presento esta vez -conste que no es el único- tiene que ver con el ¡ARTE! y eso suele ser una buena excusa.

Pues sí, amiguitos y demás gentes de mal vivir. Resulta que formo parte de un grupillo artístico -más bien me han admitido entre sus filas ¡pobrecicas!- que se dedica a sacar a la luz la obra de sus integrantes. Cine, poesía, narrativa, teatro... todo tiene cabida en nuestra pequeña formación, y por ello vamos a celebrar nuestras idas de olla con un espectáculo de miscelánea artística. Con ustedes, OTRAS PALABRAS.


Pues ya sabéis. El grupo Otras Paalabras presenta: Teacinosía: espectáculo de miscelánea artística. El domingo 27 de octubre en Madrid, en la Tabacalera, a las 19:00h. Si alguien desea pasar un rato entretenido con nuestras creaciones, ¡os esperamos encantadas!

jueves, 5 de septiembre de 2013

¿Pero ehto qué poyah éh? ABBA y España

Soy fan de ABBA. Lo soy desde hace ya 16 años de mi vida. En mi búsqueda incansable, tengo artículos, discos, libros, y algunas chorradas más que a menudo no se encuentran en España, o que sólo se adquieren buscando y rebuscando en internet. Muchas de las veces debo decir que no soy capaz de hacerme con la mitad de las cosas; pero sí que existen medios y páginas web que, al menos, ayudan a ser fan sin arruinarse.

Las cosas como son, cuando era niña no era nada fácil ser fan de ABBA. En España nunca había habido una fiebre real por el grupo, tal y como ocurría en otros países como Australia. En torno a los últimos años noventa y primeros dosmiles, algunos recopilatorios como ABBA Oro hicieron que el fenómeno volviera a resurgir, aunque tímidamente. Ya en la primera década de nuestro siglo, comenzó a producirse un cambio. ABBA celebraba el treinta aniversario de su victoria en Eurovisión, y algunas grandes superficies comenzaron a vender ediciones especiales y de coleccionista de toda la discografía del grupo. Asimismo, se pusieron a la venta importantes recopilatorios y algunos DVD sumamente importantes, como ABBA The movie o ABBA in concert, por ejemplo.

A partir de ese momento, en el que se estrena el corto sólo para incondicionales ABBA, our last video ever en la ceremonia del cincuenta aniversario del Festival de Eurovisión en Copenhaghe, y sumando los elementos anteriores, podríamos decir que el terreno estaba abonado para que la ABBAmanía que España jamás había sufrido comenzara dos décadas después de la disolución del grupo.


La guinda llegó con el estreno de Mamma mia!, el musical creado por Bjorn Ulvaeus y Benny Andersson a partir de sus grandes éxitos. El problema que yo tuve, y el motivo principal por el que no fui a ver el musical, es que estaba en español.

Creo que no me sobrepaso si digo que las canciones de ABBA versionadas en español son bastante malas, a excepción de Chiquitita, cuando no bazofias sin sentido alguno, y no me refiero sólo a la calidad de las letras, que muchas veces se distancia eones del original, sino al uso de pistas de audio distintas, como en No hay a quien culpar -versión de la elegantísima When all is said and done- cuyo fondo suena como un curte-karaoke en midi descargado del emule por error. En fin, que las versiones españolas de ABBA son más malas que el veneno, así, hablando en plata, y que son una muestra palpable de la extraña relación que se estableció entre los suecos de oro y nuestro país.

En plenos años setenta, España vivía los estertores de la dictadura del general Franco. Un año antes de su muerte, ABBA vencía por paliza en el festival de Eurovisión en Brighton. Mientras la BBC y otras cadenas de televisión europeas podían disfrutar del colorido horterismo de los suecos, los españolitos de a pie hubieron de conformarse con imaginárselos entre las brumas que Televisión Española ofrecía en blanco y negro. Esto sólo es un detalle, pero supone una especie de comienzo del cutrerío con el que, no mucho tiempo después, le explotó al grupo justo delante de las narices.
 

Hoy me dispongo a repasar algunas pruebas que demuestran feacientemente lo que digo. Comencemos con unas preciosas actuaciones de 1974. ABBA viaja a España -país que ya conocen, puesto que algunos de sus miembros vienen en vacaciones- en plena promoción de su éxito Waterloo. Uno de los temas que interpretan en riguroso play back es su segundo single: Hasta mañana.

Antes de poner el vídeo, hay un par de cosas que aclarar. Stig Anderson, por aquel entonces mánager del grupo, solía veranear en Canarias. Estando allí, observó que la gente se despedía diciendo "Hasta mañana". Por lo tanto, esta baladita en la que Agnetha se encarga de la voz principal, tiene como tema una despedida amorosa, sólo que con un ligero toque exótico, poniendo la expresión en español en el estribillo. Dicho esto, pongo el vídeo, para que la gente entienda el nivel de la chorrada que se organizó aquí:


Bien. Vamos a ver una cosa. Puedo entender que el nivel de inglés de los españoles en aquel momento no era muy bueno -aparte de que en los colegios lo que lo petaba en aquella época era el francés-, pero en serio, ¿Nadie pudo explicarles de qué carajos iba la canción? ¿o es que les daba igual? "Como dicen hasta mañana" pensó algún listo, "eso es lo que se dice cuando la gente se va a dormir, así que cojamos al grupo de moda, metámoslo en una tienda de campaña con un piano así, en plan desparpajo, y hagamos que suban y bajen unas escaleras que no van a ninguna parte con una vela. ¡Seguro que con eso nos ahorramos poner a la familia Telerín!". La inteligencia le salía al estudio de Prado del Rey por los poros. Se nota.

No hay que olvidar que, por aquellas calendas, en España había había una moda que superaba con creces casi cualquier otra cosa: el Ballet Zoom de Valerio Lazarov. Unos chicuelos muy modernos que bailaban mientras el zoom de la cámara no paraba de moverse. Todo juerga.

¿Y qué pasa si combinamos al maravilloso cuerpo de baile con el super hit del momento? Pues, si encima le metes efectos especiales de última generación a la española, esto:


Al menos hay que reconocerles una cosa. Han intentado hacer una suerte de recreación histórica. Lo que no termino de entender muy bien es por qué tienen que salir pequeñitos cantando dentro de las tripas de un bailarín que pone cara de acidez estomacal. ¿Indirecta? ¿Gañanería? Who knows...

Destaca, en estos mismos años, la anécdota relatada por Miguel Ángel Sánchez en la única biografía española -que no traducida al español- que existe del grupo. Al parecer, cuando los suecos llegaron a Madrid, había gran cantidad de periodistas esperándoles, lo malo es que sólo unos pocos estaban realmente especializados en música, y el resto era lo que aquí se denomina "prensa del corazón". Peor que eso, era que los cuatro miembros del grupo siempre habían sido sumamente quisquillosos en lo que a su vida privada se refiere, y no solían contestar preguntas sobre eso. Ellos eran músicos, y sólo hablaban de música.


Conclusión: una rueda de prensa delirante, en la que la mayor parte de los periodistas no podía preguntar nada, y los suecos se enteraban de aún menos. ¡Ole!

Pasaron los años, y en 1980 la televisión ya se veía en color. ABBA había lanzado al mercado Gracias por
la música, su disco de versiones en español, para ampliar mercado -aunque nunca hicieron ni un solo concierto en ninguna de sus giras, y no me extraña-. Después de siete años desde su primer disco como grupo, y de seis desde aquellas escaleras infernales y el bailarín que necesitaba aero red, España decide premiar a ABBA por las ventas de su single Chiquitita en castellano. La pregunta es: ¿cómo lo hacen? Muy sencillo, entregándoles el premio a GRUPO REVELACIÓN. ¡De 1980! Haced el facepalm ahora, que luego se os van a quitar las ganas.

ABBA sólo estaba a un par de años de desaparecer; pero a los españoles aún les quedaban un par de momentos vergonzosos que protagonizar con ellos. Cutrerío hasta el final. ¡Ese es el espíritu! En torno a 1980-81, el programa Aplauso se hacía eco de la más rabiosa actualidad musical. ABBA fueron entrevistados dos veces por José Luis Uribarri, que ya por entonces tenía de actual lo que Sweeney Todd de líder de una ONG. Para animar a la gente de Ejpaña a bailotear con los temazos de ABBA en los guateques, decidieron que sería bueno que interpretaran alguna canción en español. Como todo se hacía en play back, pues eso que enchufaron. ¿El error? Este:


¿Quién ha sido el ser humano depravado al que se le ocurrió que era bueno promocionar una canción discotequera sentado en un sofá y leyendo la letra en un folio guarro? ¿Qué especie de mente retorcida pensó que eso se podía disimular dando palmitas y sonriendo con cara de circunstancias? Ante esto ¿se extraña alguien de que la pobre Frida se levante y haga unos gestos vergonzantes? La pobre lo que intentaba eran dos cosas a la vez: darle un poco de movimiento al asunto, y demostrar que aquella situación era tan surrealista, que mejor te pones a hacer el imbécil, si el pudor ya lo tienes perdido. ¡Por lo menos, que se rían! Aunque la cosa no es para reírse...


La segunda y última entrevista, que pone fin a este ignominioso repaso, es del año 1982. ABBA está a un pelo de separarse, y Aplauso celebra su aniversario. Como no podía ser de otro modo, vuelven a mandar a Uribarri -no debieron aprender de la primera vez- a que los entreviste. La cosa es de traca. Para empezar, el inglés sigue siendo una asignatura pendiente de los españoles, ya que las traductoras simultáneas utilizan expresiones como "película de promoción" (por videoclip) y ponen el título que les da la gana a las canciones. (Una expresión tan curiosa y específica como Head over heels se traduce por De cabeza y sobre ruedas, que no tiene que ver un pijo con la canción original. ¿Alguien lo entiende?). Para colmo de males, Uribarri lee las preguntas que le deben haber hecho los guionistas, porque dice que Björn es el letrista y Benny el único compositor. Esto era cierto en parte, pero Benny se encarga de resaltar que ambos hombres son músicos y que componen sus canciones juntos -cosa que estaba ya archisabida desde el principio-. Ante esto, ¿creen que Uribarri rectifica? ¡Pues claro que no! Él sigue a la suya, preguntando en la misma línea.

Otro momentazo llega cuando Uribarri pregunta a los suecos si les gusta algo de la música española. Ante esto, Agnetha, que parece la más puesta en el tema, le responde que Julio Iglesias le gusta y que las canciones de Los Paraguayos son muy interesantes por lo folcklóricas. José Luis, que estaba siendo humillado por goleada, decide tomarse su revancha, y le espeta a la rubia que "los paraguayos no son españoles", con aires de superioridad, a lo que la Reina de ABBA permanece muda, con cara de decir "ya la he cagao". Yo no es por ser fan, pero tampoco se lo reprocho, visto lo visto, el desconocimiento era cosa de ida y vuelta. Y puede que ABBA no conozca demasiado de la música española, pero los periodistas españoles sabían aún menos sobre la música de ABBA. ¿Quién gana?

De todas formas, dejo aquí testimonio con las tres partes de la entrevista, que no es demasiado larga, para que la disfrutéis y opinéis en consecuencia con sus burradas. Alguna más hay por ahí, por supuesto, también realizada por Uribarri. Una de dos, o el resto no se atrevía a entrevistarles, o es que entre el grupo y el señor casposo se creó una aversión personal. ¿Será Uribarri el archienemigo de ABBA en un universo Marvel paralelo? Qui sait?...

http://www.youtube.com/watch?v=v_lgr9gjzfE

http://www.youtube.com/watch?v=Pcqj8FeSeig

http://www.youtube.com/watch?v=5PEod9o_PH0



domingo, 25 de agosto de 2013

Libros perturbadores: El maestro del Prado

Hace ya algunos años que leo los libros de Javier Sierra. Supongo que esto puede sorprender a más de uno, teniendo en cuenta que, supuestamente, la gente a quien le gusta la buena literatura no aprecia los best-sellers, y los mira por encima del hombro.

Lo que ocurre con todas esas ideologías extrañas, es que a mí me da bastante igual la opinión de la gente en lo que a mis gustos y preferencias se refiere, sobre todo si estos van acompañados de prejuicios y demás tonterías. No me gusta leer cualquier cosa, pero tampoco paso las tardes recitando a Góngora en mis ratos de asueto. De hecho, al margen de la incalculable aportación de la obra del cordobés a la historia de la literatura, nadie me quita de la cabeza que, en líneas generales, sus poemas son un soberano coñazo y un truño infumable, ¡ea!



Como decía, hace ya algunos años que sigo la trayectoria de Javier Sierra, puesto que, al menos en los temas que toca, hay que reconocerle el mérito de ser un hombre informado. Además, sus historias suelen tocar temas que podríamos calificar de sobrenaturales o conspiranóicos, pero siempre desde el punto de vista abierto de que el lector se encuentra ante una ficción, lo cual es francamente encomiable, teniendo en cuenta que Sierra lleva muchos años trabajando como periodista.

Quizá esta faceta periodística sea, a un tiempo, la virtud y el talón de Aquiles del escritor. Muchas de sus extraordinarias anécdotas e investigaciones suelen ser la base de sus novelas, lo cual les da un punto interesante sin entrar en historias simplonas del tipo de Dan Brown; sin embargo, muchos de sus libros adolecen de una cantidad ingente de información, que hace que la trama resulte aburrida y caiga sin remedio, por muy sugestivo que sea el fondo de la historia, o por muchas horas de investigación que se hayan invertido en ella. En este sentido, creo que uno de los mejores ejemplos es El ángel perdido. La cantidad de personajes, con nombre y apellidos, sumado al constante bombardeo de datos página tras página, me dejaron francamente sobrepasada y aburrida como una ostra.


Otro de los problemas que presentan algunas novelas de Sierra es la resolución de la trama. No creo que haya que juzgar el conjunto de una obra tan sólo porque el final no esté a la altura de la misma, pero, no nos engañemos, un mal final puede suponer la ruina de casi cualquier historia decente. Algo parecido ocurre con La Dama Azul, la primera novela del escritor. La historia es más que interesante, los capítulos son breves, el estilo muy ágil, y los personajes resultan curiosos. La estructura en puzzle funciona más que aceptablemente -no así en El ángel perdido- y al final se aporta una serie de documentos que dan cierta verosimilitud a la novela, y mueven a más de un par de reflexiones -probablemente las del propio Sierra- que hacen que el libro se quede en algo más que un simple best-seller cutre. El problema, como ocurrirá en novelas posteriores, está en el final, resuelto muy por los pelos, deprisa y corriendo y con pocos datos. Esto, dentro de un estilo en el que parece que dichos datos sobran por los cuatro costados, resulta chocante. Lo cierto es que, en el caso concreto de La Dama Azul, ese final rápido y poco efectivo daba más pena que otra cosa, puesto que el resto del libro está bastante bien, y dejo claro que me parece muy recomendable, más ahora, en estas fechas de verano, cuando una lectura ligera y amena es lo mejor para endulzar las vacaciones, o la vuelta al trabajo.

Con respecto a El maestro del Prado, reconozco que yo iba con alguna reticencia. No me apetecía encontrarme de nuevo con una trama puzzle, llena de datos sin sentido y un final flojo. En resumen, tenía miedo de que todos los defectos de las novelas de Javier Sierra se hubieran unido en un único libro, y que hubiera pasado de ser un escritor entretenido, a otro completamente aborrecible.


Nada más lejos de la realidad. La novela gira en torno a un hecho autobiográfico del autor. Siendo estudiante de Periodismo, recién llegado a Madrid desde Teruel, decide pasar parte de su tiempo visitando el Museo de El Prado. En una de sus visitas, conoce a un extraño y enigmático personaje, llamado Luis Fovel, que se ofrece a explicarle los misterios de las obras de la pinacoteca. A partir de ese momento, la historia se articula en torno a la evolución personal del protagonista, que comienza a plantearse su visión de la Historia de una forma completamente distinta. En su aprendizaje, estará acompañado por su amiga Marina -la clásica chica que tiene la virtud de salir lo justo para aportar algo a la trama y no desviar la atención del lector-, y un viejo bibliotecario de El Escorial, que a su vez será quien le aclare -o más bien le sumerja más en el misterio- de su aventura.

En conjunto, la novela es muy entretenida, y en ella se aportan datos, como siempre, pero que sirven de mucho la lector curioso. No hace falta ser un entendido en arte para apreciar las curiosas valoraciones y enseñanzas del carismático Fovel, además de que la edición va acompañada de ilustraciones a todo color de cada una de las obras que van apareciendo a lo largo de la historia, lo cual provoca que nos entren ganas de escufriñar las pinturas y comprobar si lo que de ellas se cuenta en el libro es verdad. Lo cierto es que este detalle resulta muy ilustrativo y muy acertado.

Javier Sierra, mostrando las ilustraciones del libro

Además, el autor ha querido dar vida a su historia con un poco de acción, introduciendo a un extraño personaje que persigue a los protagonistas, quizá por alguna antigua rencilla con el propio Fovel, quizá para que no se descubra la verdad de sus enseñanzas, quizá para prevenir a los jóvenes de algún peligro, o puede que para meterlos en más problemas. Una inclusión que dura lo justo y no se hace pesada ni excesivamente fugaz.

En este caso, agradezco enormemente que Javier Sierra haya abandonado la estructura piramidal -o de puzzle a veces- que venía ofreciendo en anteriores novelas. Hay que reconocer que ha tenido la suficiente vista para darse cuenta de que, para contar esta historia, ésa era la forma menos adecuada. La narración es lineal, sencilla, sin exceso descriptivo ni de diálogos. Es una novela cuya mayor virtud es que cabe en todo lo que promete.

¡Y qué mejor  manera que terminar por el final! Esta vez, el autor ha logrado un final que no me deja buscando páginas inexistentes en el dorso del libro. Lo que digo, es una novela de medidas justas. Un traje que a Javier Sierra le ha sentado como un guante, y que tiene tallaje de sobra para cualquier lector.

Esta foto es un frikerío muy gordo, pero no me resisto a dejarla pasar.
Recomiendo su lectura sin duda, y espero que a la gente le guste tanto como a mí. A primera vista, y después de unos cuantos meses de ventas, parece que muchos lectores están de a cuerdo conmigo. Me alegro de que sea por un buen motivo.


Películas de contraste. Mujer contra mujer. (2 de 2)

Recién terminado mi post sobre Si las paredes hablasen, paso ahora a hablar de su segunda parte.

Como dije anteriormente, la segunda entrega de esta mini serie para televisión de HBO es bastante más interesante y entretenida que su predecesora, si bien se estrenó cuatro años después y su temática es completamente distinta.

If these walls could talk 2, traducida en España como Mujer contra mujer, fue, al igual que la primera entrega de esta curiosa saga, bastante premiada. La mayor parte de las nominaciones y premios fueron a parar a su cuidado y acertado casting, aunque Vanessa Redgrave dio la campanada, obteniendo un Emmy y un Globo de Oro por su actuación en esta cinta.

De nuevo, se nos cuentan tres historias en diferentes décadas, los sesenta, los setenta y el año dos mil. Solo que en este caso el hilo conductor de todas ellas es mostrarnos la vida de una pareja de mujeres en cada época, y los problemas que deben afrontar por su condición.

En la primera historia, Edith (Vanessa Redgrave) y Abby (Marian Seldes) son una pareja de lesbianas que lleva la mayor parte de su vida viviendo en una casita, ocultando su condición a todos sus vecinos, que las tratan como dos simpáticas señoras solteronas. Una noche, tras asistir al cine -a ver La calumnia, por cierto- Abby se rompe una cadera y cae desde la escalera del jardín. Rápidamente es trasladada al hospital, donde Edith espera impaciente el resultado de su operación. Allí se encuentra con una mujer que ha ido con su marido, quien acaba de sufrir un infarto y está muy grave. Edith siente envidia por no poder mostrar sus sentimientos de la misma forma, puesto que sólo es "una amiga de la paciente". Al no ser un familiar directo, no puede entrar a verla, y los médicos la ignoran cuando han de comunicar la muerte de Abby, a pesar de que Edith ha pasado toda la noche en el hospital.

Una vez vuelve a casa, no terminan los problemas. Un sobrino de Abby, único familiar al que Edith puede acudir, visita la casa con su esposa y su hija, y decide que, al estar la propiedad a nombre de la difunta, Edith no tiene más remedio que abandonar su hogar y buscarse otro sitio donde vivir. De hecho, ni siquiera puede conservar la mayoría de sus recuerdos, que quedan a cargo de la "única" familia de Abby.

Tras esta triste historia, saltamos a los años setenta. Un grupo de jóvenes lesbianas, universitarias y feministas, vive en una casa de alquiler y participa activamente en las protestas del campus. Todo se complica cuando las tres amigas son expulsadas del grupo feminista que ellas mismas han formado, porque los demás colectivos de izquierdas no admiten las protestas homosexuales entre sus filas.


Para desquitarse, las chicas deciden salir a dar unas vuelta, y van a un bar de ambiente lésbico. A la mayoría, el garito les parece más bien sórdido, puesto que se trata de un lugar en el que algunas mujeres visten y actúan como hombres, y se comportan como en una sala de fiestas de los años cincuenta. Se baila agarrado, se bebe en mesitas, y las señoras toman una copa, conversan o intentan ligar. Desde luego, no es un sitio en el que haya mucha juerga. Sin embargo, Linda (Michelle Williams) parece sentirse a gusto en el local, y conoce a Amy (Chloë Sevigny), una chica que viste de hombre y conduce una flamante motocicleta.

Tras la primera cita, Linda descubre que las chicas heterosexuales no son su único problema. Sus amigas y
compañeras de piso critican a Amy por vestir como un hombre, y aceptar las premisas de los roles sociales. En realidad, Amy no se siente el hombre de la relación ni nada de eso. Simplemente, está cómoda vistiendo de ese modo, y viviendo de una forma más marginal. Las jóvenes activistas, sin embargo, fijan sus miradas en ella de forma prejuiciosa, lo cual nos lleva a la reflexión final. A pesar de que se estén reivindicando una serie de derechos y de que todas las mujeres lesbianas parecen protestar con una sola voz, aún existen prejuicios, incluso entre las propias lesbianas, que las hacen casi tan cerradas de mente como esas chicas del grupo que las critica.

En este caso, la historia termina felizmente, puesto que Linda, la más abierta de todas, decide comenzar una relación con Amy. La escena final de las dos jóvenes besándose, mientras un vecino curioso observa de forma indiscreta, es bastante divertida. Linda y Amy gritan al vecino, entre risas: "Bueno, ya está bien. ¡Es hora de que las lesbianas se vayan a dormir!", y entran en casa felices por no tener que ocultar nada a nadie ni dar explicaciones.

De esta forma, pasamos a la última historia, de nuevo la más floja de las tres -hasta en esto coincide la estructura de las dos películas-. Fran (Sharon Stone) y Kal (Ellen DeGeneres) son una pareja que quiere tener hijos. Después de buscar y seguir buscando por todas partes, encuentran una clínica en la que Fran puede ser inseminada. A pesar de las múltiples pruebas y tratamientos, el tono de comedia de esta última pieza -dato curioso: está dirigida por Anne Heche, que ya nos salió en la anterior película y que, a la postre, era la pareja de Ellen por aquellos años- hace que, tanto la búsqueda de esperma -"I've got sperm!" grita DeGeneres cargando con un enorme bidón-, como su implantación y las conversaciones trascendentales que se marca la pareja sentada en el capó del coche mientras observan a los niños de una guardería, se hagan mucho más llevaderas, además de aportar un nuevo final feliz, cuando Kal y Fran terminan bailando en el cuarto de baño, porque al fin la segunda ha logrado quedarse embarazada.

En fin, que la película termina felizmente, tratando de dejar un mensaje optimista, y resaltando los logros obtenidos por el colectivo gay a través de las décadas. Sin embargo, recalco que esta historia es la más floja de las tres, puesto que, realmente, no cuenta nada especial, salvo la celebración por el cambio de la situación y una ligera reflexión sobre todo lo que aún debe cambiar en la sociedad.

A pesar de todo, la película resulta interesante y emotiva. Las actrices están espléndidas, y los puntos de vista que aparecen son amplios y profundos. En resumen, una cinta perfecta, de sólo una hora y media de duración -como la anterior, debo decir-, que se puede ver no sólo de madrugada, sino a cualquier hora.

Para quien quiera hacerse un maratón con los dos filmes, dejo enlace de esta segunda también. Que lo disfrutéis.



http://www.youtube.com/watch?v=L0Ax8aeXZrA


Películas de contraste: Si las paredes hablasen (1 de 2)

Pues sí, amiguitos, se nos acaba el verano dentro de nada. Vuelve septiembre y, aunque yo ya estoy teniendo mis palizas de trabajo, he de decir que el nuevo mes se presenta cargadito de emociones -boda incluida- y que tengo ya cuatro post a medias, por culpa de unas semanitas de infarto, en las que creo que, por lo menos, el ejercicio me habituará de cara a las semanas que vienen.

Lo bueno, como siempre, ha sido poder disfrutar de cine curioso, de ese que ya todos sabéis que termino viendo a escondidas, con total nocturnidad, cosa que me hace sentir que aún puedo rascar un poco de libertad a los últimos días del verano.

La verdad es que la mayor parte de las noches me he dedicado a ver moñeces absolutas, eso las que veía algo, porque casi todo este tiempo, he intentado avanzar con la tesis en cualquier rato que tuviera libre. Con este apretado margen, he de decir que una noche me topé con un par de historias la mar de interesantes.

Andaba yo buscando vídeos y cortometrajes para jóvenes, cuando de pronto, algunas respuestas del buscador me dirigían a  páginas web relacionadas con la homosexualidad. Una de ellas, dedicada al mundo lésbico, ofrecía bastantes filmes en línea que trataban el tema desde diversos puntos de vista.

Más de una vez he leído o visto alguna reseña sobre cine homosexual, pero desde luego, casi nada de cine lésbico, lo cual es una pena, porque dentro de esta tendencia se encuentran auténticas joyas cinematográficas -como La calumnia, protagonizada por Audrey Hepburn y Shirley MacLaine, sin ir más lejos-. Bien es cierto, no obstante, que existe algún que otro libro que habla de cine gay, refiriéndose a todas las tendencias, como El armario secreto de Hitchcock, de Boris Izaguirre, el cual resulta demasiado específico, aunque entretenido. De entre las relaciones lésbicas tratadas, destaca la de Rebeca, película donde el ama de llaves vive obsesionada con el recuerdo de su señora, y se encarga de mantener viva su memoria, convirtiendo el ala oeste de la casa en un auténtico mausoleo, que cuida de forma abiertamente fetichista. Aparte de lo anterior, reconozco que no he leído ni visto mucho más sobre el tema, aunque como todo, es cuestión de ponerse a investigar.

De hecho, uno de los mejores puntos de partida podría ser esta página web de cine sobre lesbianas, donde se recomiendan también cortometrajes más o menos interesantes. Pues bien, una de las varias películas que en aquel blog se ofrecían era If these walls could talk 2, que en España se tradujo como Mujer contra mujer.

Aparte de pensar en el triste alcance del daño perpetrado por las letras de Mecano, no pude evitar fijarme en lo evidente, aquella película se trataba de una segunda parte, y me llamó la atención que, si bien ésta era citada y enlazada en el blog, nada se decía con respecto a la primera. Un par de minutos tecleando me dieron la respuesta.

La cosa va como sigue. Si las paredes hablasen es la traducción literal de la primera entrega, una TV movie de la HBO. Filmada en 1996, la cinta obtuvo diversas candidaturas a los Emmy y a los Globos de Oro, amén de otros premios internacionales. 


La cinta narra tres historias que giran en torno a un tema central, en este caso, se trata del aborto. Cada una de las historias se desarrolla en una década distinta del siglo XX, los cincuenta, los setenta y los noventa, dando a cada caso concreto un escenario político y social completamente distinto, además de estar protagonizadas -cuando no dirigidas o producidas- por actrices de renombre en aquel momento, como Demi Moore, Sissy Spacek, o Anne Heche o Cher. 

En la primera historia , Demi Moore interpreta a una enfermera que, habiendo enviudado recientemente, vive en una ciudad pequeña, apoyada por la familia de su esposo, un militar de excelente reputación. Una noche, en plena crisis de llanto, mantiene relaciones con su joven cuñado, dando como resultado un embarazo. Ante tal tesitura, la mujer decide abortar, puesto que sería una madre soltera y haría que tanto ella como su familia política perdieran su buen nombre dentro de la comunidad.

En los años cincuenta, el aborto estaba prohibido en Estados Unidos, y la joven Moore tiene serios problemas para lograr su objetivo. Finalmente, rechazada por las pocas personas de confianza que la 
rodean, y con serios problemas económicos para costearse un aborto clandestino en un lugar en buenas condiciones, termina recurriendo a un siniestro médico, que le practica el aborto en la cocina de su casa por poco dinero.

El final de la historia es bastante trágico, puesto que la mujer comienza a sangrar abundantemente y, presumiblemente, muere tratando de llamar al hospital.



En la segunda historia, Sissy Spacek interpreta a una madre de familia numerosa, ama de casa, que está sacándose estudios superiores en la universidad. Ante la noticia del nuevo embarazo, se plantean serias dificultades económicas, puesto que un bebé supone que el padre no se pueda retirar, que la hija mayor tal vez no pueda estudiar en la universidad que quiere, y que la propia Spacek tenga que abandonar sus estudios. Ante toda esta amalgama de problemas, la protagonista se plantea la posibilidad de abortar. Dentro de quienes la apoyan en este sentido, su hija mayor, una joven hippie y feminista, la pone al corriente de las opciones existentes, y la anima a que lo haga, eso sí, con un cierto puntito egoísta, puesto que no quiere perder bajo ningún concepto su oportunidad de ir a una buena universidad.


La escena final, bastante ilustrativa, nos deja con la sufrida madre de familia abrazando a su hija mayor, que llora desconsolada mientras ella le confiesa que no va a abortar; y la consuela diciendo que ya encontrarán una salida a sus problemas y que todo se arreglará.

En este punto, debo decir que no me gustan nada las películas tendenciosas. Nunca me ha parecido bien que el público sea tomado por estúpido, o que una película o un libro me digan cómo tengo que pensar. En este caso, siempre pongo el ejemplo de Million Dollar Baby, donde se os expone un caso de eutanasia desde un punto de vista completamente aséptico, para que cada cual saque sus propias conclusiones. Incluso Juno destaca por la magistral forma de presentar este mismo tema del aborto desde un punto vista más bien humorístico, que le da a la historia un toque curioso, poco convencional. En este aspecto, If these walls could talk resulta bastante tendenciosa, aunque bien elaborada y con unas historias inetresantes. Cuando realmente me quedé perpleja fue cuando llegó el episodio de los noventa, producido por Cher, que además aparece en la cinta.

Anne Heche es una brillante estudiante de arquitectura que se queda embarazada después de mantener relaciones con uno de sus profesores. Ante la posibilidad de abortar, su mejor amiga trata de convencerla para que no lo haga; pero ella tiene dudas y decide ir a informarse a una clínica abortiva. 

Cuando llega, se encuentra con un grupo de mujeres rezando en la puerta, que de nuevo intentan convencerla para que no aborte. De todas formas, la chica entra en la clínica y se informa de todo. A pesar de las presiones que siente por uno y otro lado, finalmente pide ayuda a su amiga y ésta termina acompañándola a abortar.



Hasta aquí, todo correcto. El mismo día en que las dos jóvenes van a la clínica se ha convocado una manifestación anti abortista delante de la clínica -cuya directora, por cierto, es Cher con una terrible melena pelirroja de tinte- , y la fachada del edificio es tomada por una multitud que grita sus consignas y canta sin cesar. Esta y otras situaciones anteriores producen un intenso debate entre los diferentes personajes, que aportan su punto de vista sobre el asunto. Como he dicho antes, esto me parece bien. Cada uno va diciendo su opinión y el espectador saca sus propias conclusiones. Repito, hasta aquí todo correcto.

Hasta que llega el final, que es uno de los más sucios que he visto en mi vida. Anteriormente, tanto los personajes a favor y en contra del aborto han ido mostrando su mejor y su peor cara, mientras Anne Heche aborta en la clínica, con la ayuda de Cher. Si todo hubiera terminado de forma diferente, la película será salvable e incluso destacable; pero debe ser que la cantante no estaba por la labor. Justo cuando la Heche respira aliviada por haber terminado la operación, un joven que se había colado anteriormente en la clínica haciéndose pasar por el novio de una chica embarazada, entra en la habitación y se lía a tiros con la doctora Cher y su melena. En medio del charco de sangre, la muchacha Heche llora desconsolada y asustada, abrazando el cuerpo inerte de Cher, asesinada por un joven activista pro vida.

El pelo es horrible, pero no hacía falta matarla por eso


Como digo, el final es sumamente tendencioso y demasiado cogido por los pelos, dejando un mal sabor de boca que, además, hace que todo el debate suscitado con anterioridad, incluso en las dos historias precedentes, quede completamente eclipsado y resulte absurdo y sin sentido para los espectadores. En resumen, una película de tema controvertido y de brillante ejecución en muchos momentos, que se ve abocada al pasmo y el cutrerío cuando llegas al final. Una pena.

A todo esto, entendí perfectamente por qué no había aparecido enlazada en aquel blog sobre lesbianismo del que hablé al comienzo de este post. Ciertamente, ambas películas son idénticas en su estructura, aunque el tema a tratar sea distinto en cada una de ellas. Y como este post ya se está alargando demasiado, dejo el comentario de If these walls could talk 2 para el próximo. Sólo adelanto que, como excepción que confirma la regla, la segunda parte es mucho mejor. 

Dejo el enlace de la primera película completa en español. Que la disfrutéis.



viernes, 2 de agosto de 2013

Alter egos

Todos hemos deseado alguna vez ser otra persona. Tanto es así que, de pequeños, buscamos nuestra propia personalidad reproduciendo lo que vivimos en nuestro entorno para normalizarlo y hacer que forme parte de nuestra vida. Jugar a papás y mamás, a policías y ladrones o a las tiendas nos hacía crear una vida idealizada, que, por unas horas, era la nuestra. De hecho, se dice que ese deseo es el mueve a mucha gente a estudiar interpretación, así como otros muchos encuentran gran placer en jugar una buena partida de rol.

Quien más quien menos, todos hemos tenido uno o varios alter egos, figuras a las que admirábamos y deseábamos imitar. Muchas veces se trataba de eso, otras, de una mera cuestión de empatía, o de la mezcla de ambas.

En mi caso concreto, la mayor parte de mis alter egos procedían de la literatura. La admiración por los personajes cinematográficos vino después, y se basaba, en parte, en el Hollywood clásico. El caso es que hoy paso a enumerar algunos de los personajes que quise emular durante los primeros años de mi vida.

Josephine March: Una de las cuatro Mujercitas de Louisa May Alcott. Jo era valiente, y un chicazo cuando era pequeña. Formando un club "secreto" con sus hermanas, representaban las obras de teatro que ella misma escribía. Su gran ambición era ser una escritora de renombre con sus relatos de misterio y amores
apasionados. Pasados los años, renunció al amor fácil de su amigo Laury, a sabiendas de que sería una relación fallida, y se marchó a Nueva York a ganarse la vida. Allí conoció al profesor Bahuer, un hombre sencillo y sensible que adora a los niños. Gracias a él, descubrió la belleza de la ópera, y que para escribir "debe inspirarse en la profundidades de su alma". La vuelta al hogar, con sus hermanas casadas y con hijos, le reportó una pesada melancolía. El final de la historia, con Bahuer dejándole su primera novela, le trae la vida que siempre deseó:

-Pero, yo no tengo nada que ofrecer, mis manos están vacías.

Jo toma la mano del profesor, ambos se resguardan de la lluvia bajo un gran paraguas.

-Ahora ya no están vacías.

¿Quién no siente nada con este final? Jo consiguió heredar la mansión de la vieja tía March y convertirla en una escuela. Con el hombre de su vida, vivirá una existencia pobre, sencilla, dedicada a las letras y a la enseñanza. Puede sonar muy tradicional, pero yo quería ser ese chicazo que subía a los árboles y encontraba el amor verdadero basándose en las cosas sencillas y profundas de la vida.

En este apartado, debo decir que las adaptaciones cinematográficas de Mujercitas me dejaron, en general, bastante mal regustor. En la primera, que en España se llamó Las cuatro hermanitas (1933), Jo era interpretada por Katherine Hepburn, y no me gustó nada. La Hepburn tiene papeles bastante mejores, y su pinta siempre ha sido de demasiado mayor, aun siendo joven. Lo cierto es que tampoco me gustaba eso de "¡Por Cristóbal Colón!" que se pasaba diciendo toda la película. Vale que Mujercitas es moñas, ¡pero no tanto, por favor!


La siguiente adaptación, de 1949, me parece la mejor representación del personaje de Jo, o al menos la que más me gusta. June Allyson está muy bien, y, aunque sigue diciendo cosas como "¡Madre de mi alma!", resulta mucho menos remilgada y elegante, en su carita redonda poseía la firmeza y la dulzura propias del personaje -si no me creen, véanla en Los tres mosqueteros junto a Gene Kelly, interpretando a Constanza- así como ese aire risueño y pizpireto que la hacía tan especial.


Entremedias, recuerdo que, por aquellos años, se emitió una serie de anime japonés que narraba las aventuras de las mujercitas. Al ser una serie de bastantes capítulos, el personaje de Jo podía desarrollarse con mucho más detalle, y reconozco que me encantaba la larguísima coleta que llevaba.


De la versión de 1994 sólo diré dos cosas. En cuanto a la novela, es la que más me gusta. No soporto a la Winona.


Fin.

Anna von Schloterstein:  Quizá este personaje no os suene demasiado a priori. Si digo que es la hermana de Rüdiger von Schloterstein, quizá os suene aún menos. Se trata de uno de los mejores personajes de la saga literaria infantil El pequeño vampiro, de Angela Sommer-Bondemburg.

Anna era una niña-vampiro de pelo rojo. Al ser la benjamina de la familia, fue la última en convertirse, y no podía beber sangre, motivo por el cual bebía leche rancia y batidos de cacao mohosos. Al no ser un vampiro completo, conservaba parte de su humanidad, por lo que no era tan egoísta como el resto de su familia. En realidad, es la novia de Anton, el protagonista de la historia. Lo malo es que a veces era demasiado cursi, le encantaban los vestidos bonitos y los perfumes. Aunque era muy lista y decidida -su hermano la apodaba "dientes de leche", pero todos la conocían como Anna La Valiente- solía demostrar una clara tendencia al drama, mezclando actitudes infantiles con un deseo irrefrenable de ser más mayor de lo que su edad eterna le permitirá .

En las antiguas ilustraciones de Alfaguara, Anna aparecía como una chica pelirroja de ojos grandes, mirada
inteligente y sonrisa pícara. Además, recuerdo que llevaba un enorme tupé casi encima de la frente, y las capas de vampiro, que me encantaban, eran únicamente unos ponchos negros raídos. La verdad es que volar por los aires, viviendo en una cripta, con una vida partida en dos mitades -medio vampiro, medio niña- hacían de Anna un personaje interesante, que trataba de ayudar a Anton y Rüdiger, aunque a veces lo que hacía era crear tramas paralelas que hacían que los chicos se metieran en aún más líos de los necesarios para cualquier chaval de nueve años, sea o no un vampiro.

Sólo conozco una adaptación cinematográfica de las novelas del pequeño vampiro. La verdad, es una castaña pilonga de mucho cuidado. El personaje de Anna está interpretado por Anna Popplewell -la Susan de Las Crónicas de Narnia- y se queda en un secundario soso que en nada se parece a Anna, la valiente pelirroja del tupé extravagante.






Elena: Jim es una de las mejores novelas infantiles de Manuel L. Alonso, publicada por la editorial Anaya, en la colección El duende verde. Elena es una niña que acaba de mudarse con sus padres a otra zona de la ciudad, teniendo que empezar su vida desde cero. Su mayor afición es leer libros de barcos y piratas, y buscar tebeorías para comprar cómics de aventuras. El único amigo que encuentra en su nuevo barrio será su primer amor, Jesús, al que ve todos los días dibujando solo, en la entrada de su portal. Al principio, mientras le espía por la ventana y no sabe cómo se llama, decide llamarle Jim, en honor al protagonista de la Isla del Tesoro.

Jesús "Jim" es un chico introvertido con una gran imaginación, que lleva a Elena a maravillosas expediciones
por el polo norte, o a buscar barcos ingleses que abordar en el Caribe. El problema de Jim es la mala fama que tiene en el barrio, puesto que su padre está en la cárcel. Esto lleva a un vecino desaprensivo a cometer un robo y fingir que Jim es el culpable.

Ante tal situación, Elena no se desanima en absoluto, sino que decide realizar un acto de valor para demostrar la inocencia de Jesús. Subida a un altísimo tejado, convoca a las autoridades para declarar la verdad que ha descubierto, y casi pierde la vida por ello.

Elena, de nuevo, era una chica valiente y decidida, a la que le entusiasmaba leer -he de decir que lo de las novelas de barcos y piratas nunca se me pegó, porque no me gustan nada- y que era capaz de imaginar miles de aventuras sólo con pasear por una calle o un parque. Recuerdo que alguna vez llegué a escenificar el juramento de hermanos de armas que Elena y Jim realizan en el libro. Elena era una auténtica heroína, y como decía Alonso en el prólogo, ojalá la hubiese conocido.

Miércoles Addams: El hecho de que me gustaran los relatos de terror, y el de sentirme normalmente incomprendida y retraída con respecto al resto de los niños de mi edad, me hicieron cambiar hacia otros alter egos que reflejaran mejor esas nuevas ideas que bullían en mi cabeza. Uno de los mejores personajes, que influyó bastante en mi personalidad de aquellos años, fue Miércoles Addams. La hija de la estrambótica y siniestra familia vestía como una colegiala, se pasaba el día seria, sin sonreír, y lo mejor de todo, respondía como una auténtica borde, era una troll en toda regla. 


Si bien en la primera película no brilla tanto -a excepción de la escena de la limonada- la segunda, convirtiéndose en el azote de los pijos del campamento de verano, devastándolo todo y torturando a toda la caterva de niñas rubias y monitores estúpidos, la hicieron ser mi preferencia número uno dentro de los personajes de ficción de mis años cercanos a la adolescencia. ¡Hasta me aprendí aquella absurda canción que le dedicaron los Bom Bom Chip! Miércoles sabía tratar a la gente, eso seguro.

http://www.youtube.com/watch?v=PEPbGimPkDo

Lydia Deetz: Dentro de toda evolución, siempre hay diferentes pasos a los que llegar para alcanzar diversos estadios. En los primeros años de mi adolescencia, mi modelo, tanto estético como de comportamiento, era Lydia Deetz, la protagonista de Bitelchús. El problema, cómo no, era que, de nuevo, la estupenda Lydia era interpretada por la pesada cansina de Winona Ryder, pero en aquel momento no me importaba.

De Lydia, me fascinaban sus pamelas y sus tules, sus velos, sus mitones y sus redecillas. Aquella estética molaba de verdad, no como los polos y los vaqueros ceñidos. Otra cosa que terminé de interiorizar después del ejemplo de Miércoles, fue que yo ganaba mucho más siendo pálida, motivo por el cual no me gustaba tomar el sol, y no quería ponerme morena. La palidez era básica para llevar a la práctica el siniestrismo ilustrado y la actitud antisocial, o al menos eso era lo que pensaba. 


En la serie de dibujos, ya sin Winona de por medio, Lydia terminó por gustarme aún más. Como Anna, llevaba un poncho -rojo, eso sí- y unas mallas ceñidas con mitones negros. En la cabeza únicamente tenía una graciosa coletita. Podía ir vestida como quisiera, y tenía a sus amigas, que no la juzgaban y se lo pasaban fenomenal con ella. Aparte, tenía un secreto, y es que cada vez que llamaba a Bitelchús, se introducía en el mundo de los muertos y terminaba corriendo delirantes aventuras de ultratumba. 



Hace un par de días, una amiga me dijo que le gustaría casarse, y que su boda fuera una fiesta de disfraces de cine. Desde luego, yo tenía dónde elegir, pero el primer nombre que me salió sin pensar fue precisamente ese: "Yo iría vestida como Lydia, la de Bitelchús". Al parecer, hay cosas que nunca se olvidan, y que, por el motivo que sea, nos marcan para siempre.


miércoles, 31 de julio de 2013

Aquellos chiflados y sus bellas canciones

Una de las premisas más importantes dentro de esta década de los años 10 del siglo XXI es más que evidente: los ochenta molaban. Por este mismo motivo, una de las conversaciones más típicas entre amigos que viven en esta era posmoderna suele ser las cosas que se veían en la tele de nuestra infancia.

A este respecto, yo debo decir que, en líneas generales, era una niña bastante rara, y muchas de las series me gustaban sólo por su música. A veces, la historia me importaba tan poco que veía los capítulos hasta que me aprendía la canción. Hecho esto, pasaba olímpicamente de la historia y me iba a otra cosa. Es lo que tiene.

Y como estamos en verano, aprieta el calor, y siempre suele apetecer algún post revival así, fresquito, voy a ir dando una lista de series con sus cabeceras respectivas, atendiendo únicamente a que me gustara más o menos la canción. Algunas las veía de pequeña, otras, las recuerdo únicamente por el opening, que, años, después, me sigue encantando. Como siempre, acepto sugerencias, ideas y anécdotas varias de todo el mundo. Vamos a ello:

Dos fuera de serie (Juana y Sergio)


Los años ochenta en España se caracterizan por la entrada a saco de series de anime japonés. A día de hoy, mucha gente recuerda a la perfección las tramas de todas las sagas de Dragon Ball, por no hablar de algunas que perviven a día de hoy, como Doraemon -que ya son ganas de tocar las narices-. La mayoría de estas series llegaban a España vía Italia, y, en algunos casos, Francia. 

Este sería el caso de Dos fuera de serie, anime que nadie conocía por su nombre, sino por el de los protagonistas: la estrambótica y payasa Juana, y el flemático Sergio. La chica acaba de llegar al instituto, donde entra como suplente en el equipo de voleibol. Allí, conoce a Sergio, el apuesto capitán del equipo de fútbol, y su amor platónico desde del primer momento. 

Lo demás sobra un poco, puesto que todo trata de la superación de Juana, tanto dentro del equipo de voleibol, como intentando conquistar a su amado Sergio. La canción, animada y pegadiza, era la comidilla de las niñas españolas del momento, y no sobraban los chistes entre supuestos "novios", que cambiaban los nombres del estribillo por los suyos propios. 


Sherlock Holmes


Dentro de las múltiples genialidades de Hayao Miyazaki se encontraba esta preciosa joya, basada en los relatos de Sir Arthur Conan Doyle. De nuevo, la serie llegó directamente de Italia, al igual que la sintonía de cabecera. Alguna vez lo he pensado, y puede que parte de mi gusto por lo decimonónico viniera de aquellos perros victorianos animados, y de uno de los mejores villanos que ha dado la historia de la animación televisiva: El profesor Moriarty y su pterodáctilo rosa. JA JE JI JO JU.


Cabe decir que esta serie pasó también por Francia, aunque la música, tan atractiva y divertida en todas sus versiones, fue sustituida por una moñez de dimensiones épicas, que de haberla sufrido, habría cambiado mi vida para siempre.



Campeones/ Lupin III

He aquí un caso curioso, de nuevo, un anime directamente llegado de Italia. Pongo ambos en la misma posición porque me encanta el combo braker de cabeceras que se montó.

En España, la canción del opening de Campeones era una de las más celebradas y conocidas por la chavalería ochentera-noventera. Su éxito, estaba claro, se debía a la calidad y epicidad con la que transmitía el gusto por el fútbol y la gloria del deporte.


Ahora bien, no era eso lo que pensaban los niños italianos, puesto que esa misma melodía había sido utilizada para encabezar otra exitosa serie de anime. Lupin III.



De todas formas, sin desmerecer a semejante lío de músicas y musiquitas, dejo la cabecera española de Lupin III, que también estaba bastante bien.


Ranma 1/2

La última de anime. Esta cabecera es de las que más gracia me ha hecho siempre. Solía ser la misma en casi todos los países aunque, como siempre, Francia se desmarcaba, pero esta vez no con un coñazo, sino con un temita pop bastante pegadizo.

A pesar de emplear la misma melodía en sus intros, hay que reconocer que no hay ninguna más ridícula que la española. En inglés suena un tanto sosa; en italiano, el dúo intérprete le da un cierto toque rockero que tampoco está mal. En español, por contra, la cantante nos ofrece un híbrido entre lo oriental y lo coplero que roza la vergüenza ajena, a lo que suma frases como "yo soy luchadora, hay que ser así" (jotía, jotía), o "eres un gran guerrero, no me desespero". Todo esto hacía que, aunque viera la serie siendo pequeña, me partiera de risa sin parar. En serio, es de coña.


Series que no eran de dibujos: El gran Héroe Americano

Aquí llega una de mis preferidas. Si bien nunca llegué a ver la serie, la canción de El gran héroe americano era una de las más bonitas y pegadizas de todas aquellas curradas cabeceras de los ochenta. Sin palabras.


Primos lejanos

Al margen de la maravillosa danza de la alegría, las andanzas del primo Larry y el primo Balky nos dejaron una canción estupenda. Desde luego, la serie era muy divertida, y yo me lo pasaba piruleta tanto con la historia como con su cabecera. Años después, el spin off en el que conocimos a la familia de Harriet Winslow, la ascensorista del periódico en el que trabajaba Larry -Cosas de casa- hizo que el personaje de Steve Urkel desbancara a los primos de la fama. Sin embargo, a mí siempre me pareció que Cosas de casa se basaba en un éxito más facilón y artificial, mientras que los primos y su música siguen frescos en mi memoria.


Los problemas crecen

Esta serie fue una de las más exitosas, y contaba las peripecias de la familia Seaver -a la que, temporadas más tarde, se unió Leonardo DiCaprio-. El hijo caradura y fiestero, la hija empollona, el pequeño inocente y travieso, y el bebé. No obstante, su mayor virtud residía en la cabecera, además de por la canción, por el entonces original golpe de efecto que suponía ver imágenes de los personajes que evolucionaban desde que eran niños hasta el momento presente. Potita potita.


Padres forzosos

La serie la hermana de Kirk Cameron tuvo tanto éxito en España, que nadie la conocía por su nombre. Las niñas de esa época, las pijas en su inmensa mayoría, se preguntaban cada mañana en el patio del colegio: "¿Has visto Michelle?". En efecto, si algo hacía las delicias de las prepúberes españolas de los noventa, era la ricura de las gemelas Olsen. Hay que reconocer que, tiempo después, es una penita verlas, pero nos queda esta cabecera, con el tío rockero Jesse, el tío Joey y sus imitaciones, y dan, el padre abnegado de las tres rubitas, la adolescente, la repipi ceceante, y, por supuesto, la pequeña y adorable Michelle.


Cheers

Y aquí llega la número uno. Mi favorita de las canciones de cabeceras ever. La melodía es, por un lado, melancólica y emotiva. Por otra parte, la serie tenía personajes memorables y momentos desternillantes, que acabaron convirtiéndome en fan de Frasier años después. El reparto era más que excelente, las tramas, divertidas, y la canción... hace poco vi que se había hecho una promo de CSI NY, mezclando imágenes de Mac Taylor y compañía con la música de Cheers. El grupito de forenses de Nueva York nunca ha estado entre mis preferencias, pero sabe Dios que, desde esa promo, los miro con cierta simpatía.


Y hasta aquí esta preciosa lista veraniega. En el tintero quedan algunas canciones muy graciosas y recomendables, pero eso lo dejo a vuestra discreción. Dentro de poco, un nuevo libro perturbador, y alguna andanza cinematográfica de calibre "daños cerebrales directos". ¡Feliz agosto!